color

El color es, probablemente, la característica más evidente cuando se observa la superficie o el perfil de un suelo y constituye su respuesta a la radiación electromagnética en la región visible del espectro. Es, además, una característica muy utilizada por el edafólogo para obtener información sobre la génesis del suelo y sobre sus propiedades físicas y químicas (Torrent, 1978).

La descripción del color del suelo se realiza sobre el sistema de especificación Münsell (Münsell Color, 1975). Por lo tanto utiliza las componentes cromáticas intensidad, tono o matiz y saturación, que en su expresión anglosajona (intensity, hue, saturation) proporcionan las iniciales de la sigla IHS con la que se conoce también el mencionado sistema. El tono o matiz corresponde al color primario predominante, representado por la escala nominal rojo-amarillo-verde-azul-púrpura (R-Y-G-B-P) y sus intermedios. La designación de los tonos intermedios se hace con las dos letras respectivas, precedidas de un número que indica las proporciones de la mezcla. La intensidad se refiere al valor o claridad del suelo en una escala acromática comprendida entre 0 y 10, de la cual se le asigna el valor que identifica al gris que exhibiría visualmente la misma claridad que el suelo en cuestión. La saturación , por último, es el grado de pureza del color. Puede oscilar entre el 0 (gris equivalente de la misma intensidad) y diferentes niveles máximos (color puro) según el color de que se trate, correspondiendo los niveles intermedios a manifestaciones sucias del color. La intensidad y saturación se indican mediante dos números separados por una barra tras las letras del tono. Así por ejemplo, la notación 2,5 YR 4/3 representa un color intermedio al amarillo y el rojo con una intensidad 4 y una saturación 3.

El color del suelo viene dado por la existencia y proporción de compuestos orgánicos y minerales. La materia orgánica produce colores oscuros, generalmente negruzcos o pardos, como consecuencia de la presencia de ácidos húmicos. La acumulación de materia orgánica procedente de la muerte y descomposición de organismos vivos (hojas, raíces, microorganismos y pequeños animales) les confiere a los horizontes[4] superiores de los suelos unos colores más oscuros que los que presentan los matateriales más profundos. Una excepción a esta regla es la de los suelos llamados podsoles, en los que un proceso continuado de lixiviación ha transportado la materia orgánica hacia horizontes inferiores, provocando en ellos el color oscuro característico.

Muchos de los silicatos que se encuentran abundantemente en los suelos presentan colores claros, como es el caso del cuarzo y los feldespatos. Otros, por el contrario son oscuros, caso de la hornblenda, la biotita o los piroxenos. Los minerales de la arcilla puros presentan colores claros (blanco o grisáceo) si bien su contaminación con minerales de hierro o materia orgánica les hace perder esa característica. Sin embargo, entre los minerales que tienen más influencia en el color resultante del suelo se encuentran los óxidos de hierro —término con el que se suelen englobar compuestos de hierro de diversa naturaleza como los propios óxidos, hidróxidos y ciertos carbonatos—, los óxidos de manganeso, el carbonato cálcico, el yeso u otros de menos importancia. De entre todos ellos, los que más condicionan el color final son los óxidos de hierro y de manganeso, que pueden proceder de procesos edáficos o haber sido heredados de la roca originaria.

La meteorización de los minerales primarios que contienen hierro (biotita, anfíboles, piroxenos, etc.) origina la aparición de minerales secundarios de hierro, la mayor parte de los cuales son óxidos e hidróxidos. Los más importantes, sus características cromáticas y su hábito se recogen en la Tabla 6.

Tabla 6. Óxidos de hierro más característicos de los suelos.

Nombre

Composición

Color

Suelos donde aparece

Goethita

a-FeO(OH)

Cristalino

Amarillento

7,5YR a 10YR

Suelos de climas templados y frescos, húmedos a subhúmedos.

Suelos tropicales.

Suelos moderadamente hidromorfos en climas subtropicales.

Hematites

a-Fe2O3

Cristalino

Rojo

2,5YR  a 7,5 YR

Suelos tropicales y subtropicales.

Suelos de climas mediterráneos.

Lepidocrocita

g-FeO(OH)

Cristalino

Anaranjado

5YR a 7,5YR

Suelos no clizos, hidromorfos, de climas templados.

 

Maghemita

g-Fe2O3

Cristalino

Pardo rojizo

Oscuro

Suelos tropicales y subtropicales.

Ferrihidrita

Paracristalino

 

Pardo rojizo

5YR a 7,5YR

Suelos ácidos de las zonas frías y templadas, ricos en materia orgánica.

Fuente: Torrent (1978).

 Pero además de los compuestos cristalinos y paracristalinos recogidos en la mencionada tabla, en los suelos aireados existen también ciertos compuestos más o menos amorfos. El color depende del tipo de óxido presente, de su cristalinidad y del grado de hidratación. En general, en ambientes más húmedos y fríos, los colores debidos al hierro son amarillos o pardos, mientras que en otros ambientes son más rojos. En condiciones reductoras el hierro se presenta en forma ferrosa o bien en forma de compuestos ferroso-férricos. En este caso los colores predominantes son verdosos e incluso llegan a ser azulados cuando se forman sulfuros. En ambiente reductor la solubilidad del hierro aumenta, pudiendo individualizarse de los minerales de la arcilla y originando manchas grises o de colores pálidos. En suelos sometidos a un hidromorfismo continuado los colores resultantes son azulados más o menos oscuros. Si, por el contrasrio, el hidromorfismo es temporal, y por tanto también la reducción, los colores van alternando entre amarillos o pardos y verdes, grises o azulados (Torrent, 1978).

La meteorización de los silicatos que contienen manganeso en estado de valencia 2 produce diversos óxidos de manganeso tri y tetravalente. Solamente en ambientes permanentemente reductores permanece el managaneso en su forma divalente. Los colores de los compuestos oxidados del manganeso son muy oscuros, en ocasiones prácticamente negros, como es el caso de la pirolusita (b-MnO2). Sin embargo, para que dicho color llegue a condicionar el del suelo se necesitan unas condiciones de alternancia de oxidación y reducción que permitan al manganeso moverse y acumularse suficientemente, lo cual solamente es posible en su estado divalente que es el único soluble.

Por último, entre los compuestos secundarios que condicionan el color del suelo, cabe citar por su notable influencia el carbonato cálcico (CaCO3) o calcita, el sulfato cálcico hidratado (CaSO4 · 2H2O) o yeso y la sílice (SiO2) los cuales confieren un característico color blanco. La elevada salinidad de determinados suelos también produce colores blancos como consecuencia de la aparición de eflorescencias en su superficie.

Es evidente el interés que, en teledetección,  tiene el conocimiento de la relación entre el color de un suelo y su composición, ya que, en virtud del mismo podrán sacarse consecuencias acerca de la naturaleza del suelo a partir de los niveles de reflectancia registrados en cada una de las bandas visibles del espectro. De otro lado podrá explicarse el alto brillo de algunas regiones salinas o con altos contenidos en yesos o en carbonato cálcico.

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