![]() |
![]() ![]() ![]() |
Las imágenes de los Santuarios Ibéricos Giennenses: El Archivo Gèrard Nicolini | ||||||||||||||||
| Links | Correo | 21/05/03 | ||||||||||||||||
| El Proyecto | Gèrard Nicolini | El Archivo Fotográfico Gèrard Nicolini y su Base de Datos | Los exvotos de bronce: significado y tipología | Bibliografía | ||||||||||||||
| El Santuario Ibérico de Collado de los Jardines
(Santa Elena, Jaén) y el Santuario Ibérico de la Cueva de la Lobera (Castellar, Jaén)
SANTUARIO
IBÉRICO DE COLLADO DE LOS JARDINES.
Localización Geográfica: este complejo sagrado se localiza en plena
Sierra Morena Oriental, en la vía de comunicación tradicional más importante entre la
Alta Andalucía y la Meseta. Está ubicado en el término municipal de Santa Elena (Jaén)
Se accede a través de la N-IV a través de la carretera con destino a
Aldeaquemada. A escasos cinco kilómetros de la nacional accedemos al Collado de los
Jardines, lugar en cuyas proximidades se localiza la cueva-santuario.
Investigaciones realizadas: son
numerosas las intervenciones realizadas en esta Zona Arqueológica. Las primeras
noticias sobre este sitio datan de finales del siglo XVIII si bien consisten en un
hallazgo un tanto ambiguo, en cuanto a su localización, puesto que también puede
asociarse al santuario de Castellar. Las primeras investigaciones arqueológicas se fechan hacia principios de
siglo, momento en que, por motivos de una serie de exploraciones mineras, se descubrieron
restos de fundiciones y de figurillas de bronce en el entorno del Collado de los Jardines.
En este contexto, Horace Sandars, arqueólogo e ingeniero de minas inglés de la New
Centenillo Mining Company (Distrito Minero de La Carolina; Baños de la Encina,
Jaén), lleva a cabo un sondeo a los pies del santuario. Sus trabajos dieron como
resultado la primera publicación en la que se contextualizaban los hallazgos de exvotos
con un sitio concreto y la configuración de una notable colección particular de los
mismos (Sandars, 1906) Posteriormente se conocen algunas intervenciones muy puntuales y de las
que no han quedado publicaciones o referencias claras en manos de varios ingenieros de
minas (Calvo y Cabré, 1917). Las primeras investigaciones arqueológicas oficiales,
sufragadas por la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, se llevaron a cabo en
1916, bajo la dirección de Ignacio Calvo y Juan Cabré, excavaciones que se prolongarían
hasta 1918. Fruto de estas tres campañas será la configuración de una hipótesis
general de este sitio arqueológico, estructuración que se ha mantenido hasta la
actualidad (Calvo y Cabré, 1917; 1918; 1919) Tras estas excavaciones habrá que esperar hasta la década de los
cincuenta, en el contexto del proyecto de creación del Museo Arqueológico Provincial de
Jaén, cuando el Instituto de Estudios Giennenses le encarga a Pedro Casañas y Rafael Del
Nido la realización de una serie de trabajos en el Collado de los Jardines, con el
objetivo de conformar una colección de exvotos representativa para las vitrinas del
citado museo. La siguiente intervención oficial se produce en 1995, año en que la
Delegación Provincial de Jaén de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía
encarga la incoación del Expediente de Inscripción Específica en el Catálogo General
de Patrimonio Histórico de Andalucía, como Zona Arqueológica. Por último, en el año 2000, se realiza la Revisión y
actualización de la documentación en las zonas arqueológicas del Parque Natural de
Despeñaperros, promovido por la Delegación Provincial de Jaén de la
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, dirigido por el profesor de la
Universidad de Jaén, Luis Gutiérrez Soler.
Últimas Investigaciones: las últimas investigaciones desarrolladas
en el Santuario Ibérico de Collado de los Jardines, desde el punto de vista
metodológico, han consistido en una exhaustiva revisión historiográfica de todos los
trabajos realizados con anterioridad, pero también en una serie de campañas de
prospección, centradas en la documentación de la secuencia histórica del poblamiento
del Cerro del Castillo, con el consecuente registro de materiales y la documentación de
unidades de trabajo como la vía romana, la muralla y el entorno del solar que
ocupaba la necrópolis ibérica según Calvo y Cabré (Calvo y Cabré, 1919) El entorno del santuario también ha sido revisado, aunque no se conservan
restos de sus estructuras debido a los continuos expolios efectuados en la zona. De estas
intervenciones, junto con la revisión de las actuaciones anteriores, se ha establecido un
nuevo esquema histórico-arqueológico.
El Santuario Ibérico: estructuración y fases.- en primer lugar hay
que señalar la ruptura del esquema tradicional del sitio que contemplaba, dentro de un
mismo espacio, cerrado por una muralla, la existencia de una cueva-santuario inserta
dentro de un amplio asentamiento ibérico
(Gutiérrez, Rueda, Bellón, e.p.)
Recientes investigaciones (Rueda, inéd.) han reducido las dimensiones del
asentamiento ibérico a la cima del Cerro del Castillo. Quizás, como en el caso de
Castellar (Nicolini et alii, 1987) o el Santuario de El Pajarillo (Molinos et
al., 1998) estas dependencias estarían destinadas a tareas de mantenimiento propias
del santuario, ubicado en la ladera oeste del mismo cerro.
Por otro lado, el santuario estaría, también como en Castellar, configurado
mediante aterrazamientos que salvarían el potente desnivel de la pendiente natural, como
ya señalaron I. Calvo y J. Cabré (Calvo y Cabré, 1917), generando, junto al propio
paisaje natural, un imponente escenario para los ritos que en él se llevasen a cabo. La mayoría de las estructuras dibujadas por I. Calvo y J. Cabré en 1918 e interpretadas como ibéricas, constituyen, junto a la muralla, parte de un extenso poblado emiral que se desarrolló en el sitio en el siglo IX d.n.e. (Rueda, Gutiérrez, Bellón, e.p.)
Investigaciones realizadas: Las primeras noticias sobre este
santuario vienen dadas por la circulación de exvotos entre los principales anticuarios
del momento. Entre 1895 y 1912 Tomás Román Pulido, el principal coleccionista y promotor
de este mercado generado a finales del siglo XIX en Castellar, ya había efectuado varias
ventas a coleccionistas como Antonio Vives o Rafael García. En 1912, Jiménez de Cisneros comunica oficialmente, con el consentimiento
de Tomás Román Pulido, a la Real Academia de la Historia (R.A.H.), el hallazgo de varios
bronces ibéricos en las denominadas Cuevas de la Lobera o Cuevas de la Zorrera. No será
hasta 1913 cuando se inicien una serie de contactos con el Ministerio de Instrucción
Pública con motivo de la oferta de venta de la Colección de Tomás Román al Estado. La
R.A.H. se convierte en la institución interlocutora de las negociaciones que finalmente
concluyen en la adquisición, por parte del M.A.N. de dicha colección.
Lamentablemente no llegaron a realizarse excavaciones de la misma calidad
metodológica que las de Despeñaperros. Los trabajos de investigación estuvieron
centrados en el análisis de los exvotos, como es el caso de la primera gran monografía
sobre el sitio llevada a cabo por R. Lantier en 1917.
Tomás Román Pulido, Diego Jiménez de Cisneros, Mariano Sanjuán Moreno, R.
Lantier o el propio Ignacio Calvo fueron los principales interlocutores en la
investigación del santuario en la segunda década del siglo XX. Una constante de dichas
investigaciones fue la inexistencia de excavaciones que permitiesen contextualizar o
analizar la disposición de las estructuras del santuario. En 1914, la Junta Superior de
Excavaciones y Antigüedades designó a Ignacio Calvo como Delegado-Director de las
Excavaciones en las Cuevas de la Zorrera. Dichas excavaciones nunca pudieron llevarse a
cabo por la presión de los propietarios de los terrenos en las que estaban ubicadas así
como los continuos expolios que se realizaban por parte de vecinos de Castellar. La situación se prolonga hasta mediados de los años 50 cuando
Concepción Fernández Chicarro realizó una serie de sondeos con el fin de evaluar las
condiciones del sitio. De esta manera escribe desde las páginas del Boletín del
Instituto de Estudios Giennenses:
Quiero
hacer constar mi protesta por las excavaciones clandestinas que desde hace muchos años se
vienen practicando
, y solicita la expropiación de los terrenos de las
cuevas. A
mediados de los años 60 Gèrard Nicolini retoma los trabajos de investigación en
Castellar, realizando varias campañas sufragadas por la Casa Velázquez. Más tarde, a
mediados de los años 80, y en colaboración con el entonces Colegio Universitario de
Jaén, se realizarán tres campañas más. Santuario Ibérico. Estructuración y Fases:
en líneas generales responde
al mismo esquema que el expuesto para el Santuario de Collado de los Jardines. La secuencia cronológica presente en este santuario es similar a la del
Collado de los Jardines. El santuario también se estructuraría en varias terrazas. La
primera de ellas fue destrozada por las excavaciones clandestinas, en cambio, la segunda
ha permitido establecer, con claridad, una ocupación comprendida entre los siglos IV
III a.n.e. Un grupo de pequeñas cuevas conforma, al fondo de la primera terraza,
la zona más importante del santuario, cuya jerarquización se establecería mediante las
citadas terrazas comunicadas entre sí por un sistema de rampas y escaleras monumentales. Territorialmente también este santuario ocupa una posición
estratégicamente selectiva. Se ubica en la cabecera del pago de Cástulo, integrando,
junto al santuario de Despeñaperros, un sistema de apropiación simbólica de la cuenca
hídrica del río que discurre a los pies de la ciudad oretana (Ruiz et al., 2002) Son numerosos los indicadores arqueológicos que muestran la existencia de
una fuerte vinculación entre ambos santuarios. Su estructura, distribución, elementos
paisajísiticos e integrales, su disposición en el territorio así como las propias
figurillas de bronce, tienden a introducir en un mismo esquema ambos santuarios ibéricos.
|
||||||||||||||||||