PerezPastor1760RAH.jpg (199930 bytes) Las imágenes de los Santuarios Ibéricos Giennenses: El Archivo Gèrard Nicolini
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El Proyecto Gèrard Nicolini El Archivo Fotográfico Gèrard Nicolini y su Base de Datos Los exvotos de bronce: significado y tipología Bibliografía
 

El Santuario Ibérico de Collado de los Jardines (Santa Elena, Jaén) y el Santuario Ibérico de la Cueva de la Lobera (Castellar, Jaén)

                                                            

 

SANTUARIO IBÉRICO DE COLLADO DE LOS JARDINES.

                 Localización Geográfica: este complejo sagrado se localiza en plena Sierra Morena Oriental, en la vía de comunicación tradicional más importante entre la Alta Andalucía y la Meseta. Está ubicado en el término municipal de Santa Elena (Jaén)

                Se accede a través de la N-IV a través de la carretera con destino a Aldeaquemada. A escasos cinco kilómetros de la nacional accedemos al Collado de los Jardines, lugar en cuyas proximidades se localiza la cueva-santuario.

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                Investigaciones realizadas: son  numerosas las intervenciones realizadas en esta Zona Arqueológica. Las primeras noticias sobre este sitio datan de finales del siglo XVIII si bien consisten en un hallazgo un tanto ambiguo, en cuanto a su localización, puesto que también puede asociarse al santuario de Castellar.

Las primeras investigaciones arqueológicas se fechan hacia principios de siglo, momento en que, por motivos de una serie de exploraciones mineras, se descubrieron restos de fundiciones y de figurillas de bronce en el entorno del Collado de los Jardines. En este contexto, Horace Sandars, arqueólogo e ingeniero de minas inglés de la New Centenillo Mining Company (Distrito Minero de La Carolina; Baños de la Encina, Jaén), lleva a cabo un sondeo a los pies del santuario. Sus trabajos dieron como resultado la primera publicación en la que se contextualizaban los hallazgos de exvotos con un sitio concreto y la configuración de una notable colección particular de los mismos (Sandars, 1906)

Posteriormente se conocen algunas intervenciones muy puntuales y de las que no han quedado publicaciones o referencias claras en manos de varios ingenieros de minas (Calvo y Cabré, 1917). Las primeras investigaciones arqueológicas oficiales, sufragadas por la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, se llevaron a cabo en 1916, bajo la dirección de Ignacio Calvo y Juan Cabré, excavaciones que se prolongarían hasta 1918. Fruto de estas tres campañas será la configuración de una hipótesis general de este sitio arqueológico, estructuración que se ha mantenido hasta la actualidad (Calvo y Cabré, 1917; 1918; 1919)

Tras estas excavaciones habrá que esperar hasta la década de los cincuenta, en el contexto del proyecto de creación del Museo Arqueológico Provincial de Jaén, cuando el Instituto de Estudios Giennenses le encarga a Pedro Casañas y Rafael Del Nido la realización de una serie de trabajos en el Collado de los Jardines, con el objetivo de conformar una colección de exvotos representativa para las vitrinas del citado museo.

La siguiente intervención oficial se produce en 1995, año en que la Delegación Provincial de Jaén de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía encarga la incoación del Expediente de Inscripción Específica en el Catálogo General de Patrimonio Histórico de Andalucía, como Zona Arqueológica.

Por último, en el año 2000, se realiza la ‘Revisión y actualización de la documentación en las zonas arqueológicas del Parque Natural de Despeñaperros’, promovido por la Delegación Provincial de Jaén de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, dirigido por el profesor de la Universidad de Jaén, Luis Gutiérrez Soler.

                Últimas Investigaciones: las últimas investigaciones desarrolladas en el Santuario Ibérico de Collado de los Jardines, desde el punto de vista metodológico, han consistido en una exhaustiva revisión historiográfica de todos los trabajos realizados con anterioridad, pero también en una serie de campañas de prospección, centradas en la documentación de la secuencia histórica del poblamiento del Cerro del Castillo, con el consecuente registro de materiales y la documentación de ‘unidades de trabajo’ como la vía romana, la muralla y el entorno del solar que ocupaba la necrópolis ibérica según Calvo y Cabré (Calvo y Cabré, 1919)

El entorno del santuario también ha sido revisado, aunque no se conservan restos de sus estructuras debido a los continuos expolios efectuados en la zona. De estas intervenciones, junto con la revisión de las actuaciones anteriores, se ha establecido un nuevo esquema histórico-arqueológico.

                El Santuario Ibérico: estructuración y fases.- en primer lugar hay que señalar la ruptura del esquema tradicional del sitio que contemplaba, dentro de un mismo espacio, cerrado por una muralla, la existencia de una cueva-santuario inserta dentro de un  amplio asentamiento ibérico (Gutiérrez, Rueda, Bellón, e.p.)

                Recientes investigaciones (Rueda, inéd.) han reducido las dimensiones del asentamiento ibérico a la cima del Cerro del Castillo. Quizás, como en el caso de Castellar (Nicolini et alii, 1987) o el Santuario de El Pajarillo (Molinos et al., 1998) estas dependencias estarían destinadas a tareas de mantenimiento propias del santuario, ubicado en la ladera oeste del mismo cerro.

                Por otro lado, el santuario estaría, también como en Castellar, configurado mediante aterrazamientos que salvarían el potente desnivel de la pendiente natural, como ya señalaron I. Calvo y J. Cabré (Calvo y Cabré, 1917), generando, junto al propio paisaje natural, un imponente escenario para los ritos que en él se llevasen a cabo.

                La mayoría de las estructuras dibujadas por I. Calvo y J. Cabré en 1918 e interpretadas como ibéricas, constituyen, junto a la ‘muralla’, parte de un extenso poblado emiral que se desarrolló en el sitio en el siglo IX d.n.e. (Rueda, Gutiérrez, Bellón, e.p.)

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  SANTUARIO IBÉRICO DE LA CUEVA DE LA LOBERA

    Localización Geográfica: ubicado en la periferia de la actual localidad de Castellar, se encuentra, como en el caso del Collado de los Jardines, sobre una importante vía de comunicación de la antigüedad: la Vía Heraclea. A sus pies trascurre la carretera conocida como de El Condado que intercomunica varias localidades de esta comarca de la provincia de Jaén. 

  Como en Despeñaperros vuelven a unirse tres elementos estructurales: vía de comunicación, presencia de una cueva o abrigo y la posible asociación a un manantial de agua en el entorno inmediato a ambos santuarios.  

Investigaciones realizadas: Las primeras noticias sobre este santuario vienen dadas por la circulación de exvotos entre los principales anticuarios del momento. Entre 1895 y 1912 Tomás Román Pulido, el principal coleccionista y promotor de este mercado generado a finales del siglo XIX en Castellar, ya había efectuado varias ventas a coleccionistas como Antonio Vives o Rafael García.

En 1912, Jiménez de Cisneros comunica oficialmente, con el consentimiento de Tomás Román Pulido, a la Real Academia de la Historia (R.A.H.), el hallazgo de varios bronces ibéricos en las denominadas Cuevas de la Lobera o Cuevas de la Zorrera. No será hasta 1913 cuando se inicien una serie de contactos con el Ministerio de Instrucción Pública con motivo de la oferta de venta de la Colección de Tomás Román al Estado. La R.A.H. se convierte en la institución interlocutora de las negociaciones que finalmente concluyen en la adquisición, por parte del M.A.N. de dicha colección.

                Lamentablemente no llegaron a realizarse excavaciones de la misma calidad metodológica que las de Despeñaperros. Los trabajos de investigación estuvieron centrados en el análisis de los exvotos, como es el caso de la primera gran monografía sobre el sitio llevada a cabo por R. Lantier en 1917.

                Tomás Román Pulido, Diego Jiménez de Cisneros, Mariano Sanjuán Moreno, R. Lantier o el propio Ignacio Calvo fueron los principales interlocutores en la investigación del santuario en la segunda década del siglo XX. Una constante de dichas investigaciones fue la inexistencia de excavaciones que permitiesen contextualizar o analizar la disposición de las estructuras del santuario. En 1914, la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades designó a Ignacio Calvo como Delegado-Director de las Excavaciones en las Cuevas de la Zorrera. Dichas excavaciones nunca pudieron llevarse a cabo por la presión de los propietarios de los terrenos en las que estaban ubicadas así como los continuos expolios que se realizaban por parte de vecinos de Castellar.

La situación se prolonga hasta mediados de los años 50 cuando Concepción Fernández Chicarro realizó una serie de sondeos con el fin de evaluar las condiciones del sitio. De esta manera escribe desde las páginas del Boletín del Instituto de Estudios Giennenses: “…Quiero hacer constar mi protesta por las excavaciones clandestinas que desde hace muchos años se vienen practicando…”, y solicita la expropiación de los terrenos de las cuevas.

A mediados de los años 60 Gèrard Nicolini retoma los trabajos de investigación en Castellar, realizando varias campañas sufragadas por la Casa Velázquez. Más tarde, a mediados de los años 80, y en colaboración con el entonces Colegio Universitario de Jaén, se realizarán tres campañas más.

  Santuario Ibérico. Estructuración y Fases: en líneas generales responde al mismo esquema que el expuesto para el Santuario de Collado de los Jardines.

La secuencia cronológica presente en este santuario es similar a la del Collado de los Jardines. El santuario también se estructuraría en varias terrazas. La primera de ellas fue destrozada por las excavaciones clandestinas, en cambio, la segunda ha permitido establecer, con claridad, una ocupación comprendida entre los siglos IV – III a.n.e. Un grupo de pequeñas cuevas conforma, al fondo de la primera terraza, la zona más importante del santuario, cuya jerarquización se establecería mediante las citadas terrazas comunicadas entre sí por un sistema de rampas y escaleras monumentales.

Territorialmente también este santuario ocupa una posición estratégicamente selectiva. Se ubica en la cabecera del pago de Cástulo, integrando, junto al santuario de Despeñaperros, un sistema de apropiación simbólica de la cuenca hídrica del río que discurre a los pies de la ciudad oretana (Ruiz et al., 2002)

Son numerosos los indicadores arqueológicos que muestran la existencia de una fuerte vinculación entre ambos santuarios. Su estructura, distribución, elementos paisajísiticos e integrales, su disposición en el territorio así como las propias figurillas de bronce, tienden a introducir en un mismo esquema ambos santuarios ibéricos.