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JAÉN EN 48 HORAS

3. Jaén Monumental II


Vamos a comenzar nuestro segundo recorrido a pie por Jaén. Lo iniciamos en la Plaza de Santa María y, en esta ocasión, nuestro periplo tiene como objeto conocer la Catedral y el barrio que la circunda.

La Plaza de Santa María ha sido durante muchos años, por no decir siglos, el vértice de la vida giennense, que actualmente se ha ido desplazando hacia el ensanche que tiene como eje el Paseo de la Estación. Sin embargo todavía encontrará por las mañanas y al atardecer muchas personas, preferentemente hombres, que toman el sol en esta plaza, o se refrescan cuando éste ha desaparecido.

Enfrente de la Catedral hay dos palacios: el del Ayuntamiento y el Episcopal. Al lado de éste, y haciendo esquina con la calle Maestra, una curiosa casa de estilo modernista de escasa altura y de ladrillo rojo y blanco.

El Ayuntamiento es una construcción de principios de siglo, reformada en los años cuarenta, que ocupa el solar de lo que fuera Palacio de Montemar que se destruyó para levantar el actual edificio. Sobre el balcón principal el escudo de Jaén. Tienen algun interés la escalera y el salón de sesiones con yeserías de principio de siglo.

A la izquierda del Ayuntamiento y separado por la calle Obispo González, el Palacio Episcopal, construido sobre un palacio del siglo XV y reformado en los años ochenta, respetándose tan sólo la fachada. En ésta, en los laterales de la puerta, escudos episcopales y, rompiendo el frontón, escudo real y, a sus lados, los del obispo Tavera. En el interior se han conservado otros escudos de distintos obispos. El Palacio se prolonga haciendo esquina con la Casa de Provisariato y el Tribunal Eclesiástico.

Subamos por la calle Obispo González, cuyo rótulo de piedra fue costeado por suscripción popular; en la fachada del Obispado que da a esta calle hay también escudos episcopales, así como en el patio, cuya reconstrucción no ha sido muy afortunada. Por la calle Montero Moya, poeta y periodista decimonónico, a la que se accede por tres escalones, llegaremos a casa de noble fachada con arcos de medio punto y patio porticado. Fue construida por el cantero de la Catedral, Fernández Calancho. Al llegar a la esquina encontraremos el torreón del Obispado con otro escudo, en este caso del obispo Marín. En la plazuela, una casa palaciega del siglo XVII, Casa de la Corona, con torre en ángulo y sobre la portada una corona por haber estado allí la recaudación de contribuciones.

Bajando por la calle del Colegio, portada adintelada flanqueada por pilastras toscanas y el escudo del obispo Marín. Daba entrada al Colegio del Santísimo Sacramento donde cursaban estudios eclesiásticos menores los dependientes menores de la Catedral.

Volvamos a la calle Montero Moya para llegar al Colegio de la Compañía de Jesús, que lo fue desde 1614 hasta la expulsión de 1767. Desde ese año ha tenido infinidad de destinos que han ido modificando su estructura. A la calle Compañía se abre la puerta de la iglesia que estuvo dedicada a San Eufrasio (Patrón de la Diócesis), con arco de medio punto sobre el que hay un escudo de Carlos III; en este lateral se realizaron obras en el XIX, como el balcón. En lo más alto escudos de Jaén y de España. A la calle Escuelas o Moreno Castelló, otro escritor y periodista del XIX, presenta esta iglesia otra portada de estilo toscano. De Montero Moya, por Almendros Aguilar hacia la izquierda, salimos a la plaza de la Merced, donde estuvo el antiguo convento de la Merced, convertida hoy su iglesia en Parroquia. Se construyó en 1580 cuando se trasladaron las religiosas desde su primitivo emplazamiento extramuros. La portada de la iglesia es barroca de orden dórico con frontón curvo, sobre el que hay una hornacina que alberga una imagen de Nuestra Señora de la Merced, decapitada; sobre ella un nuevo frontón curvo. El lienzo de la fachada termina en una torre de ladrillo rematado por un cuerpo ochavado. Hay otra portada de estilo toscano. La Iglesia es de planta basilical de tres naves; en las laterales, capillas con hornacinas de diversas advocaciones y santos de la Orden de la Merced. Tiene también un pequeño claustro cuadrado con arcos de medio punto y, en el piso superior, vanos adintelados.

El la plaza de la Merced se encuentra también el Palacio del Capitán Quesada: Fernando de Quesada y Ulloa, Caballero veinticuatro de la ciudad en el siglo XVII. Debido a sus muchos destinos, (colegio de Carmelitas, de Maristas, Caja de reclutas...), su estructura ha sido muy modificada. Conserva la portada adintelada; sobre ella dos tenantes sostienen el escudo heráldico. La torre tiene ventanas germinadas y en sus balcones se pueden aún apreciar restos de medallones y emblemas heráldicos.

También en la plaza de la Merced, encontramos la Fuente Nueva con un cuerpo monumental en el hay dos hornacinas de donde salían dos caños. Remata la fuente un cuerpo con tres escudos: en el centro el de España, a la derecha el de Jaén y el de la izquierda, sin identificar.

Por Merced Baja y Jaboneras llegaremos de nuevo a Obispo González para alcanzar la plaza de Santa María y encontrarnos con la fachada principal de la Catedral.

CATEDRAL

La Catedral de Jaén está edificada sobre una antigua mezquita. Y tras su entrada en la ciudad, Fernando III mandó consagrarla y decir una misa ante una Virgen que la tradición quiere que sea la misma que está en la Capilla Mayor. Las obras comenzaron ciento veinte años después, en 1368, y de ellas no quedan restos. Mas importantes fueron las que mandó realizar un obispo constructor, Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, en 1500. De éstas quedan: la cabecera, concebida como planta de salón, la cenefa gótico flamígera que la adorna en el exterior, y en el interior una escalera de caracol. En 1548 se hace cargo de la obra Andrés de Vandelvira marcando su impronta y la de su época renacentista. La termina cien años después Juan de Aranda. La fachada es obra de Eufrasio López Rojas en 1674. Y, para que no le falte ningún estilo, Ventura Rodríguez añade la Capilla del Sagrario en 1764. El frente y los dos laterales de la Catedral están rodeados de una amplia lonja que cierra una verja de hierro forjada en 1800 según diseño de Manuel Martín Rodríguez. Sobre las tres puertas de acceso de la fachada principal, hay tres relieves: San Miguel, la Asunción (a la que está dedicada la Catedral), de Julián Roldán, y Santa Catalina, de Lucas González. Las estatuas entre las puertas son imágenes de San Pedro y San Pablo. Sobre la balaustrada, nueve gigantescas imágenes, también de Juan Roldán, que representan a San Agustín, San Gregorio Magno, San Mateo, San Juan, San Fernando, San Lucas, San Marcos, San Ambrosio y San Jerónimo.

La Catedral tiene dos puertas más: la norte (a la izquierda), de Juan de Aranda, dedicada a la Purísima Concepción, en la que, derecha e izquierda, hay dos estatuas de Salomón y David; y en los laterales del frontón dos escudos: el de la Catedral y el del Cardenal-Obispo Moscoso que construyó la puerta. Un hombre modesto, Iñigo Fernández de Córdoba, mandó ser enterrado aquí para ser pisado por cuantos cruzaran esta puerta. Era el Dean de la Catedral y murió en 1624.

La Puerta Sur, que se suele abrir menos, pero que es la primera que tuvo la Catedral, la diseñó el propio Vandelvira y tiene un altorrelieve de la Asunción; en los laterales del arco dos alegorías de la Piedad y la Religión.

Entremos en el templo por una de las dos puertas laterales de la fachada principal. (La central no se abre más que en las grandes solemnidades o cuando el viento sopla con furia como el día de Navidad de 1821). Lo primero que vemos es el trascoro, que rompe absolutamente el estilo de la Catedral. Fue diseñado en 1791 por José Gallego, y está dedicado a la Sagrada Familia, según lienzo de Maella. En los laterales, imágenes de Santo Toribio de Asturias y San Lorenzo. Delante de las pilastras, imágenes en mármol blanco, de Santa Catalina, de la Inmaculada, de San José y de Santa Lucía. Debajo de la cornisa, alegorías de la Virgen; sobre ella un medallón en cuyo centro hay un triángulo con el nombre de Dios escrito, en letras de oro, en hebreo.

Comenzemos el recorrido de las capillas iniciándolo por la nave de la izquierda según hemos entrado:

CAPILLA DE SAN JOSÉ. A la izquierda óleo del siglo XVII de la Sagrada Familia; en el centro retablo clásico del siglo XVII, en cuyo centro hay una talla policromada de San José con el Niño. Sobre ellos un Crucificado; a la izquierda San José, San Juan Bautista, y San Cristóbal; a la derecha San Francisco, ............. y San Agustín.

CAPILLA DE LA VIRGEN DE LA CORREA. A la izquierda, óleo barroco de la Anunciación; en el centro, retablo neoclásico imitando mármol, con un crucificado del siglo XVI; sobre la mesa del altar, Nuestra Señora de la Correa, imagen del siglo XVIII policromada; a la derecha retablo barroco del XVIII con un óleo de la Santa Cena.

CAPILLA DE SAN PEDRO PASCUAL. A la izquierda Cristo atado a la columna; en el centro retablo neoclásico de San Pedro Pascual, obispo que fue de Jaén que fue hecho prisionero en Granada y que siempre que se entregaba rescate por él prefería se librara con aquel dinero a otros cautivos, finalmente fue martirizado en 1300. En la mesa del altar, imagen de la Virgen de la Cabeza, Patrona de la Diócesis; a la derecha retablo neoclásico con imagen de Santo Toribio.

CAPILLA DE SAN MIGUEL. Barroca, de 1761. A la izquierda San Miguel; los cuadros de la parte inferior aluden a San Rafael; en el centro, retablo con lienzo de San Miguel luchando con Lucifer; debajo, pintura de la Virgen del Alcázar, Patrona de Baeza; a la derecha, San Gabriel.

Hemos llegado al crucero y a la puerta norte, desde donde se puede acceder a la Parroquia del Sagrario. Sobre la puerta, altorrelieve de la Circuncisión y de la Purificación de la Virgen, de Alonso Cano (1642).

CAPILLA DEL NIÑO JESUS. A la izquierda, óleo barroco del XVII: El Papa recibiendo las reglas de San Francisco de Paula; en el centro, retablo neoclásico con talla barroca del Niño Jesús; en el cuerpo central, dos esculturas de madera: Cristo con cruz y libro y San Diego de Alcalá; en la parte central, un óleo de Soriano cuyo motivo es la Circuncisión; a la derecha óleo de la Inmaculada. A la entrada, lápida de mármol de la sepultura del obispo Castellote.

CAPILLA DE LA INMACULADA. A la izquierda, óleo de la escuela barroca andaluza, de San José; en el centro, retablo clasicista de tres calles: en el banco, en bajo relieve, Visión de Jerusalén; en el cuerpo central, óleo de la Inmaculada, del XVIII; en los laterales, lienzos de San Joaquín y Santa Ana; en el ático, lienzo de Esther con el rey Asuero; a la derecha, una talla del Beato José Oriol. A la entrada, sepultura del obispo González.

CAPILLA DE SAN EUFRASIO. A la derecha, retablo con pintura de la Virgen con el Niño; en los laterales, San Esteban y San Miguel luchando con Lucifer; en el ático la Anunciación y en los laterales y centro la Crucifixión; en el centro retablo de San Eufrasio, Patrón de la Diócesis, original de Gregorio Manuel López en 1790. El tema central es la apoteósis del Santo. En las calles laterales, San Julián de Cuenca, con cesta de mimbre, San Agustín y San Antolín; en la mesa del altar urna con los restos de San Pío Mártir, donados por el Papa Pío VII al obispo Rubín de Ceballos, cuya sepultura se encuentra a la entrada de la Capilla. Desde esta Capilla se puede acceder a la escalera de caracol renacentista de la que hablábamos al principio como uno de los pocos restos que quedan de la primitiva catedral que mandó hacer el Obispo Alonso de la Fuente del Sauce. Y así llegamos al testero, la parte más antigua de la Catedral.

CAPILLA DE SAN FERNANDO. Retablo neoclásico de Manuel López. El cuadro central representa a San Fernando con vestiduras reales rodeado de ángeles y al fondo una ciudad que pudiera ser Jaén. Se atribuye a Valdés Leal. A la izquierda, la Ascensión de la Virgen y, en la parte inferior, un obispo y algunos clérigos inspeccionan el sepulcro en el que fue colocado el cuerpo de la Virgen. A la derecha San Fernando, de rodillas, contempla a la Virgen en el Cielo. Los medallones representan a los evangelistas. Las imágenes son alegorías de la Diligencia y la Constancia. En esta capilla está la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la imagen más venerada por el pueblo, que lo llama cariñosamente "el Abuelo". Es una talla articulada y policromada, aunque está siempre vestida con una túnica de terciopelo morado bordada en oro, donada por la Marquesa de Blanco Hermoso en 1869. La cruz es de Palo Santo. Las espigas y aceitunas, de plata, fueron donadas por la Confraternidad de Labradores en 1859 por haberse remediado un sequía. Las llaves son copia de las que le fueron ofrecidas por la Ciudad en 1681.

CAPILLA MAYOR O DEL SANTO ROSTRO. Su decoración es de Juan de Aranda. El testero lo ocupa un gran retablo. En el primer piso cuatro imágenes exentas, estofadas y doradas, de San Bernardo, San Pedro, San Pablo y San Antonio Abad, del giennense Sebastián de Solís. En las calles laterales del retablo, dos lienzos: Encuentro de la Virgen con Jesús camino del Calvario, y Cristo despojado de sus vestiduras.

Encima de la cámara donde se guarda el Santo Rostro (del que hablaremos más adelante), un nicho que alberga la imagen sedente, de factura gótica, de la Virgen de la Antigua, dando el pecho al Niño; está vestida. Es la Patrona del Cabildo Catedral. La tradición quiere que ésta sea la Virgen ante la que San Fernando mandó decir la primera Misa en la Mezquita sobre cuyo recinto está edificada esta Catedral.

En el segundo cuerpo del retablo un altorrelieve ovalado de la Asunción de la Virgen; a la izquierda, lienzo del Descendimiento y, a la derecha, Cristo atado a la columna. El ático es un Calvario; a los pies del Crucificado, la Magdalena, a la izquierda la Virgen y a la derecha San Juan. En los extremos, alegorías; a la izquierda, la Fe y la Esperanza y, a la derecha, la Caridad y la Religión. En los muros laterales dos lienzos: una copia de la Anunciación de Cellini y la Visitación de Santa Isabel.

En esta Capilla no hay ningún enterramiento bajo tierra, pero sí en la cajonera, en cuyo cajón inferior está la momia del obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, revestido de pontifical y con un libro. Falleció en 1522 y permanece insepulto por un pleito entre sus herederos y el Cabildo. Aquellos pretenden que vuelva el cadáver a donde estuvo hasta la realización de unas obras en la Capilla Mayor, y el Cabildo entiende que nadie debe enterrarse en esta Capilla. Y así siguen desde 1664. Añadamos que, aunque el epitafio dice que murió en 1522, parece que la verdadera fecha fue 1520 y que las vestiduras y el libro no son las originales; aquellas desaparecieron en 1876 y entonces se pusieron las actuales.

Pero la verdadera joya de esta Capilla es el SANTO ROSTRO. La tradición y algunos documentos catedralicios afirman que es uno de los tres pliegues del paño con que la Verónica enjugó el rostro de Jesús cuando iba camino del Calvario, y que aquí se guarda desde que lo trajo San Eufrasio, salvo los interregnos de la dominación musulmana y de los años 1936 a 1940, cuando se encontró con otras joyas en un baúl depositado en un garaje de Villejuif-Bicètre, entonces un pueblito cercano a París. Según tres pintores que examinaron la reliquia en 1730, tiene alguna pincelada en el perfil del rostro, pero no en la cara donde no percibieron imprimación alguna y aseguraron que era Obra Sobrenatural. Esta reliquia está enmarcada en plata con piedras preciosas engastadas, coronada por un lazo de diamantes. Se guarda en una urna de plata que se abre en dos puertas; en cada una de ellas los relieves de seis apóstoles y, encima de ellas, los relieves de los rostros de Cristo y la Virgen. En las esquinas, estatuillas de los cuatro evangelistas.

Esta reliquia no sale de su "caja fuerte" más que los viernes, el Viernes Santo y la festividad de la Asunción, fechas en que es mostrada a los fieles, que pueden obtener indulgencia plenaria. Con ella se bendicen el Viernes Santo y en la Asunción, la ciudad y sus campos desde las galerías altas de la Catedral, que incluso tiene unas señales para que el Obispo sepa desde donde debe impartir la bendición para no cambiar la tradición. En ocasiones señaladas por visita de personalidades o por peregrinaciones también sale de su relicario en días diferentes.

CAPILLA DE SANTIAGO. El testero central lo ocupa un retablo neoclásico, en cuyo primer piso lleva esculturas de Santo Tomás de Villanueva: la de la izquierda con túnica y bonete, y la de la derecha con hábitos negros orlados de oro. En el centro, Santiago Matamoros. En el último piso, escultura de San Judas Tadeo; en el centro, óleo de la Virgen del Pilar y, a la derecha, San Andrés; coronado todo por rayos que rodean el anagrama YAVE. En el testero derecho se abre una puerta que da paso a la Sala Capitular.

CAPILLA DE SAN BENITO. A la izquierda, lienzo de la Santa Faz y, encima, otro con San Benito, la Virgen y la Trinidad, del siglo XVIII, rematado por talla de la Inmaculada; en el centro, imagen de San Benito; alrededor del nicho, medallones policromados con escenas de la vida del Santo y, encima, el escudo del obispo Fray Benito Marín, cuyo enterramiento tiene lápida de mármol rojo; a la derecha lienzo con escena de la vida del Santo y, en el ático, altorrelieve de la Virgen, San Benito y un obispo arrodillado.

CAPILLA DE SANTA TERESA. A la izquierda, óleo de la Santa que se inspira en la que pintó fray Juan de la Miseria, (que vivió en una cueva no lejos de la Catedral); en el centro, retablo barroco con una talla de la Santa, San José a la izquierda y, a la derecha, San Roque; en el ático la Inmaculada. Rodeando el retablo, frescos de Pancorbo: esponsales de Santa Teresa, Muerte de la Santa, y Protección de la Santa a la Orden; en la parte inferior Visión de la Pasión y Transverberación de la Santa.

CAPILLA DE LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS. A la derecha, Calvario; en el frente, retablo neoclásico con altar de mármol rojo, con talla de la Virgen de las Angustias y dos ángeles llorando, de José Mora; encima, un cuadro de San Pedro Pascual. Hemos llegado al crucero y encontramos la puerta Sur. Sobre ella hay un altorrelieve del Nacimiento y Adoración de los Magos, original de Luis Aguilar en 1564.

CAPILLA DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES Y SANTO SEPULCRO. A la izquierda, Calvario; a continuación de la mesa del altar, de mármol rojo, urna con Cristo Yacente. Encima, cuadro de la Transfixión de la Virgen, de Pancorbo, como todos los demás, con el Descendimiento, los evangelistas y los profetas.

CAPILLA DE SAN JERONIMO. Retablo neoclásico con pintura de San Jerónimo, de José Antolínez; sobre el altar, Virgen de los Dolores; a la derecha lienzo de San Juanito.

CAPILLA DE SAN SEBASTIAN. Lienzo del giennense Sebastián Martínez; a la izquierda retablo barroco de San Juan Nepomuceno.

CAPILLA DEL CRISTO DE LA BUENA MUERTE. El Cristo es de Jacinto Higueras. En el testero izquierdo, retablo barroco con pintura de Santo Domingo de Guzmán, del giennense Pancorbo; a la derecha, una copia de La Adoración de los Reyes de Rubens.

PRESBITERIO. Vayamos ahora hacia el presbiterio. Está rodeado de gradas sobre las que se eleva la mesa del altar, de mármol blanco con embutidos de rojo, sostenida por gradas de mármol rojo. El Tabernáculo, de Pedro Arnal de finales del XVIII, tiene dos cuerpos; el primero, de seis ángeles, sostiene un paño de bronce que deja un hueco sobre el que se levanta el manifestador con ocho columnas salomónicas y cupulilla rematada por cruz de cristal y jaspe. Hay que destacar los candelabros de setenta luces hechos en 1904. La reja es del Hermano Clemente Ruiz, de mediados del siglo XVII.

Una de las curiosidades de esta Catedral es el Coro, construido por José Gállego y Oviedo del Portal, de la escuela de Churriguera, tanto por su longitud como por sus 122 asientos, 53 bajos y 69 altos, y los bancos corridos para los caballeros de la Ciudad, que se tallan a partir de mil quinientos por Gutierre Gierero, López de Velasco, y Gujano, siguiendo las instrucciones del obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce (el insepulto), hasta 1746. Resulta muy difícil, por no decir imposible, averiguar de quién es cada talla. Coronando la sillería alta, 62 tablas con escenas del Antiguo Testamento.

Al Coro se accede por la "vía sacra" que lo une por doble baranda al Altar Mayor, o por cuatro puertas, de dos en dos, en los laterales. Las dos primeras al final de la sillería para las autoridades civiles. Cada puerta tiene además otras tres, más la que da al exterior: de las dos del interior, la de la derecha, da a una estancia o cuarto trastero, y la de la izquierda lleva a una escalera de caracol que sube a la balaustrada. En el suelo hay sepultados trece obispos.

En la balaustrada hay dos órganos. Del más antiguo solo queda el armazón de la caja. El que se usa actualmente es de 1780, reformado en 1925 y en 1943, pues durante la guerra del 36 se desarmaron sus tubos para sacarlos por las balaustradas exteriores y las torres, para que la aviación creyera que eran cañones antiaéreos. De la importancia del primitivo órgano nos da idea de que en él compusieron e interpretaron algunas de sus obras dos glorias de nuestra música: Francisco Guerrero y Francisco Correa de Arauxo.

La BOVEDA del crucero es también obra de José Gállego. Está sostenida por cuatro pechinas con relieves de los cuatro evangelistas, sobre las que hay un doble anillo en el que se labraron advocaciones de la Virgen separadas por dobles cartelas. Sobre el anillo, ocho figuras de angeles con instrumentos musicales, separados por dobles radios que llegan hasta el casquete, donde hay un altorrelieve de la Asunción de la Virgen.

SACRISTIA. Se accede por la antesacristía, por el crucero ante la puerta Sur, entre las capillas de la Virgen de las Angustias y de la Virgen de los Dolores. A la derecha de la Puerta están las que dan acceso a las galerías altas que guardan el archivo de la catedral y al Panteón, actualmente Museo Catedralicio, y a la izquierda la entrada a la Sacristía, una muestra más del genio de Vandelvira. Tiene una extensión de 22 por 12 metros, con dieciséis arcos que se apoyan en ochenta columnas, de ellas treinta y seis exentas. Entre su mobiliario, que guarda los ternos del culto, un retablo-relicario, de Alonso de Mena de principios del XVII, con reliquias; entre otras de las Once Mil Vírgenes de Colonia, San Bonoso y San Mauricio. También podemos destacar un reloj neoclásico de Antonio de Molina.

SALA CAPITULAR. Se accede a ella desde la Capilla de Santiago a través de una pequeña antesala. A esta Sala Capitular se la llama también Capilla de San Pedro de Osma, y está decorada con pilastras jónicas que marcan tres tramos de arcos de medio punto, y su bóveda es cañón ornamentada con recuadros. El retablo del testero, de Pedro Machuca de 1546, tiene tres cuerpos. En el inferior, Padres de la Iglesia: en el central, San Pedro de Osma, a su derecha San Pablo, a su izquierda San Pedro y en el superior la Virgen de la Piedad con orantes: a su derecha San José y a su izquierda San Juan. Todo ello coronado por un toldo de la Verónica con el paño del Santo Rostro.

MUSEO CATEDRALICIO o Panteón de Canónigos. Se accede desde la Antesacristía por una monumental escalera, obra de Vandelvira, como la cripta; al final de ella y a un costado, un arco de bóveda que se apoya en triple arco. Se entra al Museo propiamente dicho por un arco de medio punto sobre columnas jónicas adosadas; a los lados figuras alegóricas que sostienen palma y laurel y, encima del arco, ángeles tenantes que sostienen el escudo del obispo Tavera.

El Museo tiene tres salas con pinturas de los siglos XVII y XVIII, esculturas (la de San Agustín con cabeza articulada) de Pedro Roldán, renacentistas y del siglo XIX, y un descendimiento de alabastro; el tenebrario es del Maestro Bartolomé y, también atribuidos a él, el hachero del cirio pascual, los libros corales de la primera mitad del siglo XVI con miniaturas de la escuela granadina, las capas y casullas del XVI al XVIII, el bargueño-relicario de Santa Cecilia y fragmentos de un retablo renacentista entre otras obras de interés, que no detallamos puesto que a la entrada se ofrece un catálogo de mano.

GALERIAS ALTAS. También por la antesacristía se puede subir a las Galerías Altas, que se han acondicionado en los años sesenta y ochenta. Albergan la sala de los retratos de los obispos giennenses, los archivos Histórico y Diocesano y la Biblioteca Capitular, en la que se pueden admirar libros corales, misales y el "Misal Giennense", -puesto que esta diócesis tuvo rito propio-, que es un incunable gótico con xilografías.

PARROQUIA DEL SAGRARIO. Aneja a la Catedral y como Parroquia, está la Capilla del Sagrario. A ella se llega por la lonja, muy cerca de la puerta norte. El proyecto definitivo es de Ventura Rodríguez. Se comenzó en 1764 y se abrió al culto en 1801. La portada es adintelada con frontón curvo entre enormes columnas corintias; sobre él una ventana; más arriba, balaustrada y, sobre ella, esculturas de San Miguel, San Pedro y San Pablo y alegorías de la Caridad, la Gracia, la Inocencia, y la Sabiduría. Dando a la calle Campanas y en la fachada oriental, Melquisedec, Sansón, Isaac y David. La planta es ovoidal precedida de un pequeño atrio rectangular. El muro se trocea en tres partes separadas por columnas corintias. La bóveda, elíptica, lleva linterna decorada con casetones hexagonales y ocho óculos flanqueados por parejas de ángeles. Sobre el coro, media naranja sobre pechinas decoradas por ángeles. Además del Presbiterio, tiene dos altares laterales: el derecho dedicado a San Pedro Pascual -recordemos que fue obispo de Jaén- en un óleo de Zacarías González enmarcado en mármol rosa; y el de la izquierda es un Calvario o la Agonía del Señor, de Manuel Martín Rodríguez.

El Presbiterio tiene un tabernáculo neoclásico de planta semicircular con cuatro columnas corintias de jaspe, entablamento y cupulín en mármoles polícromos y adornos de bronce. El óleo de Salvador Maella está dedicado a la Asunción de la Virgen. Es casi idéntico, aunque de mayor tamaño, al que está en el Museo del Prado, salvo en la disposición del Angel que abre el sepulcro, que aquí está a la izquierda .

En la Sacristía hay diversas pinturas de distintas épocas y desigual interés, así como orfebrería de algún mérito. Bajo la Iglesia se encuentra la cripta que sirvió como cementerio parroquial hasta 1829. En 1940 se remodeló para que sirviera de enterramiento a los 328 civiles y sacerdotes que, sacados de las cárceles y de la Catedral, -que también sirvió de prisión-, fueron asesinados cerca de Madrid el 11 de agosto de 1936, así como a los fusilados, como represalia al bombardeo de Jaén ordenado por el general Queipo de Llano, el 2 de abril de 1938. Los nombres de todos ellos y los de los 127 sacerdotes asesinados en Jaén durante la Guerra Incivil están grabados en lápidas en el crucero y paredes de la cripta.

En el atrio del altar, una lápida de mármol negro cubre la sepultura del obispo Basulto, -que murió entre los que iban en el llamado "tren de la muerte"- y que no llegó a Madrid con una lauda grabada. En el Altar Mayor, el Cristo de los Caídos, de Jacinto Higueras (1940). En el lateral del Evangelio, un fresco de Rafael Hidalgo de Caviedes de 1945: Triunfo de los Mártires.

BARRIO DE LA CATEDRAL

Bajemos por la calle Campanas hasta alcanzar la plaza de San Francisco para seguir a mano derecha por el callejón de Valparaíso, donde podremos observar los únicos restos góticos de la catedral que mandó construir el obispo de la Fuente del Sauce: una extraña figurilla en la arista de los dos muros y una cenefa gótico florida, además de las marcas de los canteros, único sitio donde se pueden apreciar.

Por el callejón llegaremos al Palacio de los Vilches, actual sede del Colegio Oficial de Arquitectos, alzado por Alfonso Vélez de Mendoza, veinticuatro de la ciudad. Aunque según el Dean Mazas es gótico, su fachada está fachada en 1630. Al jardín dan tres arcos de medio punto que cobijan un pequeño pórtico; en el primer piso, entre ventanales adintelados, dos magníficos escudos.

Bajemos por la llamada calle de las Almenas, en recuerdo del muro almenado que tenía el Palacio, para llegar a la calle Ramón y Cajal, en cuyo número 12 está el Palacio de los Cobaleda Nicuesa, a caballo entre los siglos XV y XVI. En su portada dos tenantes sostienen el escudo sobre el balcón principal. La puerta que da paso al zaguán tiene una interesante cancela del siglo XIX por la que se accede a un buen patio. En la segunda planta hay un oratorio con yeserías del XVII. Toda la casa tiene buenas obras de arte propiedad de la familia Bonilla y Mir. D. José Antonio, que falleció en 1989, fue durante muchos años presidente del Instituto de Estudios Giennenses y propulsor de cuanto fuera bueno para Jaén.

Bajando un poco y a la derecha llegaremos a la calle Francisco Coello, conocida popularmente por la calle Llana, en la que encontraremos una serie de casas señoriales dignas de mención: como el número diez, y el doce en cuya fachada hay un escudo nobiliario. Un poco más adelante, en los números nueve y once, está el Palacio de Marqués de Blanco-Hermoso, un edificio reconstruido, pero que ha conservado la portada, las pilastras y parte del interior. También merece la pena observar los números quince y diecinueve, así como el catorce. En el treinta y siete está la que fuera casa del arquitecto Eufrasio López de Rojas. Subamos por la calle García Requena, periodista, más conocida por los antiguos por Recogidas, donde se encontraba la hornacina del Cristo de Burgos, de las tres potencias o del Señor de los Tres Huevos, los que se encuentran a los pies de la Cruz. Su culto se mantenía desde mediados de mil seiscientos. Cuentan que un anciano fraile pidió albergue en aquella casa y sus propietarios, muy pobres, sólo le pudieron ofrecer para comer tres huevos. Al amanecer el fraile había desaparecido, los huevos estaban intactos y en la pared había un crucifijo. El trafico y el "modernismo" la han hecho desaparecer. En esta calle, de gran pendiente, encontraremos dos buenas casas con fachadas de piedra y escudo nobiliario, probablemente del siglo XVIII, y saldremos a la Calle Juan Montilla, donde todavía se conservan restos de la muralla y el torreón del Conde de Torralba, de sillería en la que se abren saeteras, restaurado en 1972; y también el Arco de los Dolores con restos de la muralla y portadas interesantes. Y a la izquierda el convento de las Carmelitas Descalzas (Juan Montilla, 27) que custodian el manuscrito de la última redacción del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz.

Para tener una vista de general de la Ciudad, y aun de parte del Reino, suba al Castillo de Santa Catalina. Un buen consejo es que lo haga en automóvil, pues además la carretera no es mala. Para saber algo más de este Castillo y del Torreón de Torralba busque en la Ruta de los Castillos las notas que sobre él hemos escrito.


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