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JAÉN EN 48 HORAS

4. Ruta del Renacimiento


Vamos a iniciar la Ruta del Renacimiento. Para ello nos desplazamos a Baeza, en primer lugar. Puede tomar la N-IV y desviarse en Bailén por la carretera 322, o llegar desde Jaén por la 321.

BAEZA, "Nido Real de Gavilanes" que la llama el romancero, fue un punto clave en la conquista de Al-Andalus por los reyes cristianos. Atalaya sobre el Guadalquivir, su posesión asegura la espalda castellana y amenaza los reinos que estén en la ribera izquierda del Gran Río. Tanta importancia tiene su conquista, (1227), que el rey Fernando III decide que a partir de ese momento la bandera real, que luego sería la española, tenga sobre la blancura tradicional el aspa o cruz de San Andrés, pues atribuye al apóstol y a su intercesión la conquista. Y durante siglos, hasta Carlos III, será el símbolo distintivo de las banderas españolas, y aun hoy el rey Juan Carlos apoya todo su escudo en la Cruz de San Andrés, en cuya festividad, 30 de noviembre se conquista la ciudad de Baeza. Tres siglos después la reina Isabel I, temerosa de que los nobles le discutieran su poder, mandó derribar su Alcázar, del que solo veremos algún resto. Y después de un siglo XVI de plenitud, Universidad, Catedral, Imprenta... comienza un declive que empieza a ser superado en la actualidad.

Iniciemos nuestra visita a Baeza en la plaza principal, la de la Constitución, amplia y porticada, en cuyo solado se ha dibujado el escudo de la ciudad. Si nos situamos en su parte más estrecha, a la izquierda encontraremos la antigua Alhóndiga, edificio con doble arquería de medio punto, que se comunica por la parte posterior con el Pósito, cuya entrada conserva en su portada un escudo imperial flanqueado por el de la ciudad y el del Corregidor; entre éstos una cartela.

Pero, sigamos en la Plaza. En la parte más ancha y enfrente del reconstruido templete de música, las Casas Consistoriales Bajas, con doble galería de arcos de medio punto y en su fachada tres escudos de la Ciudad y el del corregidor Portocarrero. En la parte más ancha de la plaza, en su final y a la izquierda, la Plaza del Pópulo. En su centro, una Fuente de los Leones, posiblemente traída de la prerromana Cástulo, sobre la que se alza una columna coronada por una figura femenina que la tradición quiere sea la representación de Himilce, la esposa española de Aníbal. La estatua fue decapitada y la actual cabeza es una reproducción moderna.

A la derecha de Himilce, la antigua Carnicería, que ha sido traída piedra a piedra para sustituir a la anterior, de 1547. En su fachada, a la izquierda, escudo de la Ciudad y a la derecha del Corregidor; en el segundo cuerpo, Escudo del Emperador. A la espalda de Himilce, la Audiencia Civil y Escribanías Públicas, edificio de dos plantas de estilo plateresco; en la baja las seis puertas que daban acceso a otras tantas Escribanías Públicas, (hoy oficinas de Información Turística). En la planta superior la Audiencia Civil. En su exterior escudo Imperial, a su izquierda el de la Ciudad y a su derecha el del corregidor Guevara. Bajo las ventanas del piso superior cinco medallones de los que sólo conocemos cuatro protagonistas: Marco Marcelo, Medéa, Muscio Escévola y Octaviano; debajo escudos de la Ciudad incorporados recientemente. La sexta ventana en realidad es puerta, que da al balconcillo donde estuviera la Virgen del Pópulo donde oraban los caballeros antes de sus salidas contra los musulmanes.

Se apoya el edificio en la Puerta de Jaén que fue embellecida en 1526 con motivo de la visita del Emperador Carlos, labrándose los escudos del César, de la Ciudad y del corregidor Alvaro de Lugo. Apoyado sobre esta Puerta, un arco apuntado conmemorativo de la batalla de Villalar, aunque Baeza fue comunera.

Pasando entre la Carnicería y las Escribanías, y subiendo unas escaleras, a mano izquierda llegaremos al Arco del Barbudo, llamado así por el Maestre de Alcántara Martín Yáñez de la Barbuda, que por allí salió a combatir a los musulmanes; es un resto de la antigua muralla y era la llamada Puerta de Baeza. Se apoya en lo que fuera Universidad, fundada por el doctor Rodrigo López en 1538, con Bula de Paulo III, y que fue suprimida en 1824 por nuestro culto rey Fernando VII. Su fachada, manierista, de piedra labrada, tiene una puerta de medio punto que desarrolla un abanico estriado y, en la clave, unas hojas de acanto. A los lados de la puerta dobles pilastras que sostienen el entablamento en cuyo centro hay un medallón que representa la Trinidad. En el cuerpo superior balcón entre dobles columnas jónicas que descansan sobre volutas y sobre las que se apoya el entablamento que sostiene el frontón que comienza curvo para terminar recto. A los lados, escudos del canónigo Fernández de Córdoba.

En el interior magnífico patio de dobles arcadas de medio punto con heráldica e inscripciones latinas. La caja de la noble escalera sirvió de cárcel para los estudiantes díscolos. Merece visitarse el Paraninfo por su buen artesonado. La Capilla es de una sola nave y en el lateral del Evangelio está el enterramiento del canónigo Fernández de Córdoba, gran impulsor de las obras, cuya estatua de mármol de Carrara está decapitada. Cuando este edificio fue Instituto de Enseñanza Media aquí dio clases de francés Antonio Machado. Actualmente ha vuelto a sus orígenes, aunque solamente como Universidad de Verano. Enfrente de la Universidad el Palacio de Jabalquinto, edificado por Juan Alfonso Benavides Manrique, Señor de Jabalquinto. El estilo Isabel, Reyes Católicos o prerrenacentista, consigue aquí uno de sus ejemplos más hermosos. Se discute su autoría: para unos es obra de Juan Guas, para otros proyecto de Pedro Lopes ejecutado por Pedro López. En su fachada, sobre el arco conopial de su puerta, se pueden ver trepar catorce figurillas humanas. Encima de las ventanas gemelas y ajimezadas ocho escudos: cuatro, del Señor de Jabalquinto: Benavides, Manrique, Mendoza y Rojas; y otros cuatro de su esposa Beatriz: Valencia, Bracamonte, Acuña y Mendoza. Si no está en restauración y consigue entrar, no deje de ver el patio de doble arcada de columnas, decoradas las conjunciones de los arcos con motivos heráldicos. La escalera es barroca, como ya apuntaba el Patio. Enfrente del Palacio de Jabalquinto está la Iglesia de Santa Cruz, único templo románico que se conserva con pureza en la Ciudad. Su portada sur, románica tardía, de clásica archivolta de medio punto. La portada oeste es similar y procede de las ruinas de la iglesia de San Juan. La planta es de tres naves con ábside semicircular. En el lado de la epístola ha aparecido un arco visigótico. En el lado del evangelio se abre una capilla en lo que fuera segunda puerta. Esta Iglesia fue de la Orden Templaria.

El edificio de al lado del Palacio de Jabalquinto fue el Seminario de San Felipe Neri, fundado en 1660. -Diviértase con los "vítores" de los estudiantes-.

Enfrente del Seminario, el Colegio de las Madres Filipenses, que antes fue Palacio, y conserva un espléndido patio de estilo gótico civil baezano.

Sigamos subiendo para llegar a la Plaza de la Catedral donde está una curiosa fuente sin agua que es un arco de triunfo apoyado en cuatro pilastras y ocho columnas; en ambos frentes el escudo de Felipe II y en un costado el de la Ciudad.

Antes de dirigirnos a la Catedral fijémonos en las Casas Consistoriales Altas -que se acodan con el Templo-. La puerta es gótica y sobre ella se abren dos ventanas, también góticas, y ajimezadas, entre las que están los escudos de la reina Juana y su esposo Felipe; en los extremos, los de la Ciudad. El cuerpo más elevado es una ampliación a la que se añade una torrecilla de la que arranca una ménsula con cinco cabezas y una ventana gótica flanqueada por los escudos del Emperador y el corregidor Alvaro de Lugo.

La Catedral se consagra sobre la Mezquita Mayor, primero por Alfonso VII y después por Fernando III. Por una lonja se accede a la entrada principal construida en 1587, sobre la que se encuentra un relieve de la Natividad. En la fachada podemos encontrar diversos estilos arquitectónicos: ventanas renacentistas en la parte superior del lienzo que va de la puerta a la torre; puerta gótica, tapiada, en la que se alberga una capillita renacentista, y la torre, antiguo alminar de la mezquita, que se edifica en 1395 según reza la cartela gótica que se completa con las armas de Castilla y León, de Baeza y del obispo Fernández de Narváez. Siguiendo la fachada, la Puerta de la Luna, mudéjar, sobre la que hay un rosetón gótico y sobre éste una lápida sepulcral de un obispo revestido de pontifical: San Pedro Pascual, que fue sepultado bajo el Altar Mayor; en el siglo XVIII sus restos se depositaron en un cofre que se encuentra encima del manifestador del mismo altar.

Nos queda otra puerta gótica, la del Perdón que da acceso al Claustro, sobre la que hay un alero volado.

El interior es de tres naves de pilares góticos cuya cubierta se derrumbó. Es interesante ver la solución del arco central del crucero para pasar del arco apuntado al de medio punto. Se conservan nueve capillas entrando a mano izquierda, dedicadas a Santiago, San José, San Miguel, de Pedro Díaz de Quesada, la Mayor -donde se venera la Virgen de los Mártires hallada en unas excavaciones en 1633-, del Sagrario -reja plateresca con escudo de los Vargas, quizá del Maestro Bartolomé, aunque no fue hecha para esta Capilla- y de los Dolores. A continuación, la puerta plateresca de la Sacristía, la Capilla Dorada -los escudos son de los Cabrera y Molina que la dotaron, de estilo renacentista italiano manierista- y, finalmente, la capilla de los Viedmas.

Después de la guerra de 1936 se hizo desaparecer el Coro y la reja que lo cerraba -del Maestro Bartolomé- que ahora está en los pies de la Catedral; el escudo es del obispo Suárez de la Fuente del Sauce. A destacar el púlpito hexagonal de chapa repujada y policromada decorado con las figuras de San Pablo, San Andrés, cuatro obispos fundadores, ángeles, y el escudo del canónigo que lo donó; en su base escenas de la vida de Sansón. No deje de admirar la custodia, al lado de la subida a la torre, labrada por el maestro Gaspar Núñez de Castro en 1700, barroca y de dos metros veinte centímetros de altura, con setenta y dos columnas y treinta y seis relieves con escenas del Antiguo y Nuevo Testamento. Es interesante también la visita al claustro, de planta rectangular, de arcos apuntados, en cuyo centro hay un aljibe, y al que dan varias capillas que se van restaurando y destapiándolas, de estilo mudéjar y gótico.

Al salir de la Catedral podremos callejear un rato por este barrio lleno de tranquilidad, donde puede encontrar plazuelas con casas interesantes, ruinas románicas, o salir a los restos de las murallas. Pero como el tiempo de que disponemos es corto, le aconsejo que siga los muros de la Catedral para, a su espalda, encontrar el Palacio de los Rubín de Ceballos, neoclásico baezano cada vez mejor conservado por la Fundación Aliatar para casa de retiro y cursos de formación cristiana, dependiente del Opus Dei.

Bajando por la calle a la derecha y luego por la del Sacramento (en su número 16, la Casa de Avilés, con portada plateresca) llegamos a la Puerta de Ubeda, que aunque fue desmantelada por Isabel I, conserva uno de sus tres arcos y una torre albarrana separada de la muralla que sigue hasta el próximo torreón: el del Torito en cuyo frente se conserva un escudo de los Reyes Católicos.

Sigamos por la calle de la Merced (en recuerdo de un convento que por aquí hubo de dicha Orden) para, al terminar la cuesta, llegar al Paseo de las Murallas o de Antonio Machado desde donde podrá contemplar un maravilloso paisaje de la vega izquierda del Guadalquivir cerrada por Sierra Mágina.

Bajemos por la Cuesta de Prieto hasta la calle del Carmen; en su número 23 la Casa de D. Pedro Nuño, con portada del s. XVII, puerta con grandes dovelas; sobre ella hornacina y frontón cerrado a cuyos lados están los escudos de D. Nuño Alvarez de Salazar y su esposa Luisa de Velasco, fundadores de la Iglesia de San Pablo. En el número 13 la Casa de los León, del s. XVII; puerta de medio punto y sobre ella una cartela en loor de la Virgen. En los laterales, escudos sin labrar y un vítor. Salimos a la calle Obispo Narvaez o Barrera y bajando a mano izquierda encontramos la calle Compañía donde estuvo el Colegio de Santiago de la Compañía de Jesús, que fue seminario hasta la expulsión de la Orden de España. Es interesante el arco de entrada con dos columnas barrocas: en su primer tercio torsas, en el segundo salomónicas, y en el tercero estriadas.

Sigamos bajando para encontrar la Torre de los Aliatares (su denominación arranca de la leyenda de que fue posesión de esta importante familia musulmana hasta la conquista). Tiene una altura de veinticinco metros, con almenas semejantes a las del Arco de Villalar, pero son de construcción reciente.

Estamos de nuevo en la Plaza de la Constitución. Sigamos ahora por la calle de San Pablo. A mano derecha el Palacio de los Salcedos o de los Condes de Garciez, de gótico final. Ha desaparecido la puerta original gótica; sobre la actual, escudos de los Salcedo y de los Ponce de León, sostenidos por leones. A continuación tres ventanas: góticas las laterales y plateresca la central, con otros cuatro escudos: Garrido, Salcedo, Navarrete y Barrionuevo. Sobre ellos tres falsas torrecillas y gárgolas. En el lateral, un hueco adintelado con escudos de Garrido y Jódar.

En la manzana siguiente el Palacio Cerón o de Sánchez Valenzuela, según nos refiramos a la esposa o al marido de los fundadores de este Palacio y de un mayorazgo. Luego fue convento y actualmente el Nuevo Casino de Baeza. Su fachada ha sido modificada varias veces pero es interesante conocer su patio que conserva la traza original de doble arcada en la que se aprecia la transición del gótico al renacimiento.

La casa siguiente es la de los Acuña. Encima de la puerta, ventana con parteluz de mármol y los escudos de los Acuña y los León además de la Cruz de Calatrava. En el extremo izquierda otra ventana similar pero, en este caso, con la Cruz de Santiago.

La casa siguiente es la de los Cabrera, de principios del XVI, sobre puerta adintelada, un friso con delfines y roléos; encima, ventana ajimezada con los escudos de los Cabrera y Alférez.

Enfrente, la Iglesia de San Pablo, gótica, con portada renacentista que sustituyó a la primitiva. Su interior es de tres naves y sus capillas son también góticas, excepto una, renacentista, que tiene una cartela de su fundador Nuño Alvarez de Salazar y los escudos de D. Nuño y su esposa Velasco. El retablo es barroco. A destacar el Tríptico de la Adoración. En esta Iglesia está enterrado Pablo de Olavide, el Fundador de las nuevas poblaciones de Sierra Morena. Y en su archivo hay partidas de bautismo desde 1494.

Si salimos por la puerta trasera encontraremos enfrente la casa de los Escalante o de los Elorza, con una bella portada de estilo baezano del final del siglo XVI: sobre la puerta de medio punto adintelado, flanqueada por dos guerreros tenantes con dos escudos lisos, rematando el conjunto, hay una cartela con la inscripción: In te Domine esperavit (En el Señor está la esperanza).

Bajemos por Patrocinio Viedma para, saliendo a San Pablo, llegar de nuevo a la Plaza y, a mano derecha, subir por San Francisco. En la acera de la derecha el antiguo Hospital de la Concepción, de antiquísima fundación, ya que en sus constituciones de 1529 se decía que no había memoria de su fundación. Aquí tuvo casa y trabajó Juan Huarte de San Juan, médico y filósofo muerto en 1529, que suele ser considerado como el padre de la psicología. En la fachada, un relieve de la Inmaculada rodeada por símbolos de la letanía, entre columnas y frontón curvo partido, y a los lados los escudos del obispo Moscoso y el de la Ciudad. Después del traslado del Hospital se instalaron aquí los Carmelitas Descalzos que lo dedicaron a Colegio Menor. Crucemos la calle para entrar en el Pasaje del Cardenal Benavides y poder contemplar uno de los ejemplos más bellos del plateresco andaluz: la Antigua Cárcel y Casa de Justicia. Actualmente es el Ayuntamiento de la Ciudad. Tiene dos puertas. La de la izquierda, que daba acceso a la antigua Cárcel, es de medio punto con dos cariátides representando la Caridad y la Justicia, con cartelas latinas alusivas. La puerta de la derecha que daba entrada a la Casa de la Justicia, lleva dos columnas platerescas y un arco escarzano sobre el que hay una cartela: "Esta obra se hizo por mandado de los muy ilustres señores de Baeza, siendo corregidor de ella el muy ilustre señor D. Juan de Borja, en el año 1559".

El cuerpo superior tiene cinco balcones, -el último de la derecha de factura posterior-, con un arco y dos vanos adintelados sostenidos por columnillas de mármol y encima óculos que son verdaderos rosetones. En el centro de los cuatro primitivos balcones un escudo de Felipe II con el Aguila de San Juan, a la derecha el del Corregidor y a la izquierda el de la Ciudad. El edificio está coronado por una extraordinaria cornisa decorada. En el vestíbulo, yeserías renacentistas. El Salón de Plenos tiene un formidable artesonado renacentista policromado que fue trasladado desde el convento de San Antón. En el mismo pasaje, a la salida, podrá encontrar una placa en la casa de la esquina donde vivió Antonio Machado, y a la entrada, por donde volvemos, otra lápida que recuerda que allí vivió la fundadora de la Congregación de la Presentación de la Virgen María, la madre Teresa de la Asunción Martínez y Galindo. Volvamos a la calle San Francisco donde, un poco más arriba, a la derecha, encontraremos las ruinas del convento de San Francisco. Los terremotos, las lluvias, la desidia y la francesada han dejado en pie sólo una parte de esta extraordinaria muestra del genio de Vandelvira. Actualmente ha sido preservado de la intemperie por una moderna obra que mantiene sus restos y, lo que fuera capilla funeraria para el enterramiento de los Benavides, está dedicado a Casa de Cultura y Auditorio de Música. En esta obra, Vandelvira suprime ornamentaciones platerescas para utilizar elementos arquitectónicos y motivos escultóricos, o simples nichos verticales. La bóveda, que no existe actualmente, fue una de sus grandes soluciones: cuatro arcos de medio punto a los lados de la planta cuadrada que se cortaban dos a dos ensanchando los arcos formeros de la bóveda.

Siguiendo la calle San Francisco, a la izquierda encontraremos la de Valdivia que termina en una plazuela donde se encuentra la Iglesia de El Salvador, en cuya fachada principal se abre una puerta románica cuya archivolta empieza ya a apuntarse, denotando la fecha de su construcción: finales del siglo XIII. El interior ha sido restaurado y ha vuelto a lo que debió de ser en un principio: planta basilical de estilo gótico mudéjar con siete columnas que sostienen una techumbre de madera de doble vertiente mudéjar (en gran parte rehecha). En la nave de la epístola dos capillas con arcos apuntados y en el del evangelio también cuatro grandes arcos apuntados con vidrieras. El Altar Mayor se cubre con tres bóvedas mudéjares de ladrillo. Los retablos son barrocos. En el exterior y a sus espaldas un patio románico con restos de los distintos estilos que por allí pasaron: arcos de medio punto, apuntados, columnas y capiteles renacentistas, bóvedas románicas... conforman un lugar agradable y romántico.

Subamos ahora por la calle Campanario donde, en el número cuatro, encontramos otra casa de uno de los doscientos componentes de la de la Compañía de Ballesteros del Señor Santiago, que creara Fernando III. Es una casa modesta, de puerta adintelada y encima del entablamento hay una cartela con la fecha de 1689. A los lados de la puerta dos escudos; uno con la Cruz de Santiago y el otro con una ballesta y tres flechas.

En la placita donde convergen la calle Campanario, por donde subimos, con las de Cipriano Alhambra y San Francisco, está el Convento de la Encarnación, edificado sobre un antiguo hospital de 1599. Portada de medio punto; sobre el friso un altorrelieve de la Anunciación y a sus lados dos grandes escudos carmelitanos debajo de los cuales hay dos pequeñas cartelas con la fecha 1696. El interior de la Iglesia es de una sola nave de medio cañón.

A la espalda de este convento está la calle de San Andrés, que nos llevará a la Iglesia que le da nombre a la calle. La Iglesia es una muestra más del empeño constructor del Obispo de Jaén, Suárez de la Fuente del Sauce, y del estilo de la época: el plateresco. Por ello su arco de entrada es de medio punto y hay una abundante decoración de candeleros, cuernos de la abundancia y grutescos. Sobre el arco, un nicho con la imagen de San Andrés flanqueado por los escudos del Obispo. En el muro que va de la puerta a la torre hay un arco apuntado, cegado, con un retablo de la Piedad con una cartela: "O Virgen i Madre de Dios i mía ave María. Destas obras i bien que veis esta fue principio lo es". La torre tiene una crestería calada con gárgolas y flamencos, en las esquinas escudos del obispo Merino. Su interior (reconstruido en parte), es una nave de arcos apuntados siendo la techumbre de madera o de obra cuando aquella se ha perdido. En el arco anterior al Altar Mayor están pintados los escudos de los infanzones que conquistaron la Ciudad y que aquí se quedaron. El retablo es barroco y en él está el camarín de la Patrona de la Ciudad: Nuestra Señora del Alcázar, escultura gótica. A la izquierda una extraordinaria capilla plateresca. Como curiosidad observemos que las armas de los escudos han sido borradas. La Iglesia guarda apreciables esculturas y dos tablas góticas, así como buenas piezas de orfebrería.

Si bajamos por la calle de Cipriano Tornero -o del Rojo-, encontraremos a mano izquierda la de la Magdalena, en cuyo número seis está la casa de los Mendoza, de mediados del XVI; en la fachada hay un escudo de la familia y otros con la Cruz de Calatrava. Enfrente, en el numero cinco, otra casa de un ballestero, como pregonan los escudos con la Cruz de Santiago y la Ballesta. Si seguimos la calle llegaremos al convento de la Magdalena, con portada de medio punto, a cuyos lados se decora con figuras alegóricas, friso de triglifos y rosetas y sobre él, y entre pilastras estriadas corintias, un buen relieve de la Santa, flanqueado por los escudos del obispo Sancho Dávila. Su interior es de una sola nave de medio punto y en él se venera una imagen de especial fervor entre los baezanos: Jesús Caído, atribuida a Martínez Montañés. También está el sepulcro de Sor Mónica de la Cruz, que estuvo en este convento cincuenta y cinco años y que, tras su muerte en 1964, goza de gran respeto y de la devoción de los baezanos por una vida dedicada a los demás y su gran virtud. Debido a ello se ha iniciado su proceso de beatificación. UBEDA

Ubeda es una ciudad donde se puede conocer perfectamente lo que es el estilo arquitectónico renacentista español y andaluz. Los ubetenses presumen, y con razón, de sus noventa hectáreas de conjunto histórico-artístico, frente a las ochenta y tres de Salamanca. Y, sin embargo, cada cual ve las cosas como desea verlas. Por ejemplo: a los viajeros románticos les impresionó más el sabor musulmán de sus calles que el esplendor renacentista.

Efectivamente: Ubeda, la actual, fue fundada por Abd al-Rahman II el 822 y terminada de construir por su hijo Muham-mad, llamándola Ubbadat al-Arab, añadiéndole el apelativo al-Arab para distinguirla de la que ya existía anteriormente, -Ubeda la Vieja- y de la que quedan escasos restos, quizá por falta de investigación, a unos siete kilómetros de la ciudad que vamos a visitar. Seguramente de aquella Ubeda o de esta Ubeda la nueva eran las célebres bailarinas que Al-Saqundi, en el "Elogio del Islam Español", admiraba por su ingenio y su arte, y que, probablemente, se mezclaron con las "puer" de Cádiz que tanto gustaban en Roma y que encandilaban a Plinio.

Pero, curiosamente, mas que por su arte, su belleza o su placidez, Ubeda se ha hecho famosa por la famosa locución: "irse por los cerros de Ubeda", que tiene una explicación histórica. Alfonso VIII intentaba conquistar la Ciudad y la cercó, encomendándole a Alvar Fañez, "el Mozo", la vigilancia del flanco sur. El Rey no pudo lograr la conquista precisamente por los refuerzos que por el flanco sur recibieron los sitiados, ya que Alvar Fañez se había anticipado en varios siglos al precepto del Mayo Francés del 68 de "haz el amor y no la guerra", con una, (habrá que suponerla bella) ubetense. Alfonso VIII le preguntó luego que dónde estaba y "el Mozo" le contestó aquello de "por esos cerros de Ubeda, Señor". La locución se ha hecho tan popular que hasta traspasó el océano y en la Argentina se ha convertido en "Irse por las nubes de Ubeda", frase que en aquella Nación se ha hecho famosa, no tanto por la equivocación, sino porque ha servido de titulares periodísticos y de arma política en los debates parlamentarios para significar algún descuido político. Pero, empecemos nuestro recorrido. Siga usted los indicadores viarios que le conduzcan al Ayuntamiento, y se encontrará en uno de los espacios urbanos mas bellos de España: la Plaza de Vázquez de Molina, pues allí está el Ayuntamiento, justamente en el Palacio de Juan Vázquez de Molina, Secretario de Estado de Carlos I y de Felipe II. Fue diseñado por Andrés de Vandelvira con tres cuerpos: el bajo corintio, el central jónico y combinación de telemones y cariátides, el último. Los espacios entre las pilastras son de diferente anchura, lo que a simple vista no es perceptible, pues es lo que busca el arquitecto para conseguir un equilibrio que se completa por los siete ejes simétricos.

De estos siete ejes, el central da acceso al edificio, y por él se llega al zaguán, que fue antigua capilla, y es camino hacia el patio, cuadrado con doble arcada de cinco arcos cuyas enjutas se decoran con escudos nobiliarios. Tiene interés la noble escalera y el artesonado mudéjar de la Sala de Archivo, en el tercer piso.

Enfrente del Ayuntamiento está Santa María de los Reales Alcázares, porque estuvo ubicada dentro del Alcázar. Fue templo romano, mezquita e Iglesia Mayor Parroquial y, por tanto continuamente reformada. Por ello si busca con detenimiento encontrará cualquier estilo arquitectónico. La portada y fachada son del siglo XVII; la fachada norte, renacentista, en la que destaca la Adoración de los Pastores; el claustro -antiguo patio de la mezquita- es gótico tardío; en el muro hay un portillo de traza musulmana que, en su interior, es románico. Dentro del claustro, los pilares y arcadas son gótico-mudéjar; tiene numerosas capillas de todos los estilos de los siglos XV al XVIII. Destaquemos la reja del Maestro Bartolomé en la Capilla de nuestra Señora de la Yedra. Otra reja del Maestro Bartolomé cierra la Capilla de San Antonio, de estilo gótico.

Al lado de Santa María veremos la Cárcel del Obispo, fundada en la primera mitad del siglo XV, que comunica con la Iglesia. En las obras de adaptación para Palacio de Justicia han aparecido restos de una necrópolis argárica. Una calle lo separa del Palacio del Marqués de Mancera, actual residencia de la Comunidad de Siervas de María, de dos cuerpos, portada adintelada enmarcada por columnas corintias; en el segundo cuerpo, en la fachada sur, una ventana de rejería; en la de poniente, sobre una ventana, un altorrelieve del Niño Jesús abrazado a la Cruz entre angelotes apoyados en calaveras. En el último cuerpo de la torre o mirador, una ventana nos anticipa la que veremos en el Palacio de Vela de los Cobos. En la esquina de la calle con la plaza está el antiguo Pósito, de 1570, remodelado en el XVIII; después se le añade una portada con decoración de espejos en su fachada de poniente.

Casi enfrente, el Palacio del Deán Ortega, actual Parador de Turismo, otra obra de Vandelvira, de planta rectangular y dos cuerpos de altura. En el inferior los vanos adintelados van cubiertos de entablamento y frontón triangular. La portada lleva columnas dóricas y sobre ella unos ángeles sostienen las armas del fundador. El cuerpo superior, con balcones adintelados, sigue la simetría de los huecos inferiores. En los extremos dos ventanas en esquina. En el interior, patio cuadrado con doble galería de columnas de factura manierista.

Y llegamos a la obra arquitectónica más importante de Ubeda -y quizá de Andalucía- erigida por particulares, como decía Ponz: la Sacra Capilla de El Salvador, primitivamente encargada a Diego de Siloé y terminada por Andrés de Vandelvira y en la que se encuentran primitivas ideas góticas. Siloé aplica principios neo-pitagóricos a los planos, siguiendo a Vitrubio tanto en la longitud -ochenta pies de vara (algo mas de 22 metros)-, como en la anchura -40 pies (unos once metros)-, de la nave central y en la altura -100 pies (unos veintiocho metros)-. Es, por tanto, un anticipo, en el siglo XVI, de la matemática binaria que ahora nos es tan familiar.

Es de advertir que la fachada que ahora es la principal no fue concebida como tal. Si usted tiene ocasión vea esta fachada cuando reverbera con el sol poniente que arranca a las piedras unos tonos dorados inigualables; además con esta luz podrá distinguir perfectamente todos los detalles. La puerta, en arco de medio punto, tiene en el intradós dioses griegos: Eolo, Neptuno, Vulcano, Anteo, Diana, Mercurio, Venus, Febo, Marte, Júpiter y Saturno. El friso está decorado con escenas del Exodo. En el segundo cuerpo un relieve de la Transfiguración de Jesucristo, y sobre él, en el tercer cuerpo, ventanas de medio punto, sobre las que va un frontón triangular. A los lados de la puerta, dos escudos sostenidos por tenantes, -tan del gusto de la arquitectura renacentista y que encontraremos con frecuencia en Ubeda- , con las armas de los Cobos -siempre en el lado del Evangelio-, y de los Mendoza, la esposa del mecenas, lo que se repite en lo más alto de los contrafuertes y en los óculos. En la parte baja de los contrafuertes a la izquierda, la lucha de Hércules y Gerión y, a la derecha, Hércules y los toros de Gerión. Dos puertas más tiene la Capilla. La norte, de medio punto entre columnillas pareadas y adosadas, tiene un friso de grutescos y sobre él tímpano circular con dos pedestales que se coronan por un medallón. En el tímpano, un bajorrelieve de Santiago luchando con los sarracenos. (El mecenas D. Francisco de los Cobos era caballero del hábito de Santiago). En los pedestales, el Angel y la Virgen de la Anunciación, y sobre ellos San Pedro y San Pablo (o quizá San Andrés), sentados. En el medallón el Padre Eterno y encima el Salvador Niño. La portada sur, es también de medio punto con grutescos interrumpidos por medallones así como el friso. Sobre él recuadros que albergan tres Evangelistas observados por figuras alegóricas; lo corona, tras un friso de medallones, un frontón triangular con un medallón de la Virgen. Encima del triángulo, tres ángeles.

Siguiendo la fachada sur llegamos al Hospital de los Honrados Viejos del Salvador, hospital que se funda en 1392 pero que, al necesitar El Salvador más terrenos, toma parte del Hospital a cambio de lo cual se reforma el viejo edificio también por Vandelvira. Es interesante su patio rectangular del que sólo se conservan dos galerías de doble arquería.

En el interior de El Salvador la bóveda está sostenida por columnas corintias adosadas; sobre su entablamento una galería corrida a la que dan tribunillas que en la embocadura del arco llevan cariátides. La decoración de las bóvedas es más sobria que el resto intentando asemejar las nervaduras del estilo isabel.

La Capilla Mayor está separada de la nave por una extraordinaria reja de Villalpando, fundida en 1555, con dos tramos y tres cuerpos, el central mas elevado y esbelto. En la crestería hay cuatro medallones con las Virtudes y en el centro el escudo nobiliario de D. Francisco de los Cobos, cerrándola una cruz. El retablo del Altar Mayor está dedicado a la Transfiguración de Jesús en el Monte Tabor, obra de Berruguete (aunque no se conserva del original mas que la figura de Jesús), cubierto de un baldaquino barroco del ubetense García de Pantaleón. A los lados, cuatro hornacinas que albergan a los evangelistas, de Pedro de Avila. A ambos lados, dos retablos barrocos que ocupan el lugar que originariamente estaba destinado a los sepulcros de los fundadores de la Capilla. Es de destacar la magnifica bóveda de casetones que cubre el Altar Mayor. La mayoría de las obras escultóricas como los escudos o los guerreros y las matronas de la fachada, y las de la sacristía, son del francés Esteban Jamete que estuvo dos años trabajando en El Salvador.

A la izquierda de la Capilla Mayor se encuentra la entrada a la Sacristía, con una de las soluciones arquitectónicas mas atrevidas y bellas que se pueden encontrar, concebida por el mejor Vandelvira. Está hecha en esquina, y en lugar de columnas, hay cariátides con cestos de flores en la cabeza, que sostienen un doble entablamento separado por grutescos, sobre el cual, bajo dosel de piedra, está la Virgen de la Paz proclamando la concordia entre el poder y el pueblo, personificados por un emperador y un siervo que se arrodillan a su lado, completándose la decoración con dos angelotes.

La Sacristía es típicamente renacentista, y podemos pensar que es un ensayo de la que luego construiría Vandelvira en la Catedral de Jaén. Con arcos que dejan hornacinas para alojar las cajoneras donde se guardaran los ternos del culto, está decorada con toda clase de figuras, bustos y alegorías corpóreas. El entablamento está sostenido por cariátides que, a su vez, descansan en cabezas humanas. No es fácil descubrir, y está esperando la llegada de un buen especialista, todo el simbolismo de esta decoración que nos lleva a un mundo clásico recreado por unos hombres que habían salido de una oscura edad media pero que habían conservado a través de culturas cristianas, musulmanas y hebreas, unos conocimientos, en muchos casos esotéricos, que actualmente hemos perdido. Sí se sabe que las figuras que están en las enjutas de los arcos son las Sibilas. ¿Por qué en una Sacristía? Especúle el lector y deje volar su imaginación. En la Sacristía se pueden admirar obras de distinto valor: restos de tablas del coro alto, sillerías del coro bajo, orfebrería de gran valor histórico y artístico, una arqueta-relicario, macolla y cañón de cruz, un Cristo crucificado de marfil, restos de un San Juanito de alabastro (destruido en el 36) y atribuido a Miguel Angel, y algunas pinturas de distintas escuelas.

Si salimos por la puerta de la Sacristía, a mano derecha, está el Palacio que mandó edificar para su residencia D. Francisco de los Cobos, del que no quedan demasiados restos de su pasada grandeza, salvo una portada, en la fachada, de medio punto con frontón triangular partido. Al parecer era importante el patio cuadrangular con doble arquería de mármol y una fuente, que es la que en la actualidad está en la Plaza Vázquez de Molina. Si volvemos para subir por la calle Horno del Contador, encontraremos en el número nueve la Casa de los Manueles, de principios del XVII, con portada adintelada con columnas corintias y frontón semicircular; en su tímpano, decoración de rosetas y tenantes que mantienen el escudo.

Un poco más arriba y enfrente, la Casa de los Salvajes, del siglo XVI, con portada adintelada sobre la que hay dos tenantes, los "salvajes" del decir popular, que sostienen el escudo del Obispo Suárez de la Fuente del Sauce rodeado de laurel. La casa fue de un camarero del Obispo, Francisco de Vago. Los tenantes tienen, en la otra mano, dos escudos en los que se lee F I. S E.

Si seguimos la calle llegaremos a la Plaza del 1 de mayo, (antigua Plaza del Mercado), donde se erige un monumento a San Juan de la Cruz. A la izquierda, y haciendo esquina con la calle María de Molina, las Antiguas Casas Consistoriales, con soportales formados por tres esbeltos arcos de medio punto apoyados por parejas en columnas corintias; el cuerpo superior tiene seis arcos, menores que los inferiores, apoyados también en columnas corintias, pero solo son dobles sobre las columnas inferiores. En los laterales, hornacinas con las imágenes de San Miguel y San Juan de la Cruz, patrón y copatrón de la Ciudad. El fondo de la plaza lo ocupa la Iglesia de san Pablo, que la tradición quiere que fuera visigoda, para luego convertirse en mezquita y, tras la conquista de Fernando III, de nuevo en iglesia católica. Las guerras entre Pedro I y Enrique de Trastámara la dejaron prácticamente destruida, pero de nuevo se levantó. Como es habitual en la mayoría de los templos de larga historia, (recordemos Santa María de los Reales Alcázares), en ella se pueden distinguir casi todos los estilos arquitectónicos. La puerta principal que se abre a la plaza y a la que se accede por una escalinata, la mandó construir el obispo Suárez de la Fuente del Sauce, -el obispo constructor e insepulto (ver Jaén Monumental II )- como proclama el escudo que corona la fachada. Su estilo es de transición con muestras del gótico tardío, como el arco de la portada, -terminado con atisbos de lo que luego será el estilo Isabel-, que cobija un tímpano con la Virgen sostenida por ángeles y, sobre Ella, el Padre Eterno. A sus pies, un dosel de piedra bajo el cual está la imagen de San Pablo, sobre la columna que divide la entrada en dos puertas cuyos arcos son trilobulados. Las ventanas de esta fachada son ojivales y, en los laterales de la puerta, hay cuatro arcos ciegos de factura isabelina. A la izquierda de la puerta se embutió un a modo de plataforma , que los ubetenses llaman "el tabladillo", desde donde se proclamaban las disposiciones civiles y eclesiásticas. En el XVII se hizo un balcón que servía para que las autoridades presenciaran las corridas de toros un poco más seguras que en el

tabladillo. Actualmente una hornacina cobija una imagen de San Juan de la Cruz.

Sigamos el muro exterior hacia la derecha para llegar al ábside, de 1380, modificado en el s. XVII. En él hay un postigo, que da acceso a la Sacristía, sobre el que está el escudo del obispo Sancho Dávila, que lo mandó abrir en 1603. Si seguimos rodeando el perímetro exterior llegaremos a la puerta norte, que mandó hacer el obispo Osorio, en 1485, y reformó el Cardenal Medina en 1523, y por ello se esculpe su escudo. Sin embargo no debió de hacer mucha obra, dado su estilo marcadamente gótico.

Nos queda todavía otra puerta, la más antigua, la que es llamada de los carpinteros, seguramente por los clavos, alternados con cabezas, que decoran su triple arcada apuntada que indica la transición románico-gótica. La arcada reposa en dos pisos depequeños arcosdeentablamento románicoy arcostrilobulados. El interior tiene tres naves, siendo la central de mayor altura y sobre cuyas columnas se apoyan las laterales. A pesar de las sucesivas reformas que han convertido la central en medio punto, puede observarse perfectamente la crucería gótica. Si ha entrado por la puerta principal, a la derecha y junto a la puerta, está la Capilla del Camarero Vago (Nuestro conocido de la casa de los Salvajes), o de las "Calaveras" por su decoración, obra de Vandelvira, en la que se encuentra la sepultura de su fundador. Su estilo es una perfecta lección de lo que llamamos arte renacentista. La reja es de un ubetense, Alvarez de Molina. A continuación la Capilla de S. Cayetano con una bella bóveda y arcos isabel. Y junto a ella una obra maravillosa: no deje de admirar la Capilla de las Mercedes. Salvo San Juan de los Reyes en Toledo y el Palacio de Jabalquinto en Baeza, no encontrará una mejor muestra del estilo isabel. Arcos decorados con figuras humanas y animales, y una ornamentación geométrica en la que está embutido el escudo de la Ciudad, -en tiempos esta Capilla fue archivo de la Iglesia y de la Nobleza), y, encima, una magnifica crestería. Se la conoce como la Capilla del Encaje, y no es una exageración andaluza. Luego, un arco apuntado da paso a la Sacristía.

En la nave del Evangelio hay también interesantes capillas: la de la Encarnación (o de los Sanmartinez, por su fundador Ruy Pérez de San Martín), donde queda un sepulcro con figura yacente revestida de armadura (Juan de Monsalve y San Martín), cuya mesa tiene decoración plateresca, y del mismo estilo es la verja; la Capilla de la Purísima (o de los Merlines, pues su fundador fue Diego Merlín), tiene bella bóveda y arcos isabel en el altar, y decoración de pináculos y florón, también reja plateresca; la Capilla de San Miguel (o de los Molinas, fundada por Antonio Molina y Valencia), con arcos y decoración plateresca; la Capilla de San Antonio (o de los Sandovales) la más sencilla de todas y donde se alberga una tabla muy venerada por el pueblo devoto: el Cristo de la Humildad.

De nuevo en la Plaza, podemos seguir la calle de San Juan de la Cruz que, a mano izquierda, sale de ella, y que nos llevará directamente al Convento Carmelita fundado en 1587 y donde cuatro años mas tarde muere el que después sería San Juan de la Cruz y donde tendría su primer sepulcro antes de su traslado a Segovia. En ese traslado, bastante azaroso por miedo a disturbios populares, se inspira Cervantes para escribir el capitulo XIX del Quijote: "de la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto".

La actual Iglesia es también relicario (se conservan, en lo que fuera su celda, la tibia, el peroné y el radio del Santo), además de museo y biblioteca. Los días catorce, fecha de la muerte del Santo, se celebra la oración sanjuanista con efectos de luz y sonido.

Al salir podemos subir por la primera calle a mano derecha para llegar a la calle Losal, donde está la Casa del Obispo Canastero, llamada así por el relieve de uno de sus laterales en el que se ve a un obispo haciendo canastas. En el otro lateral del cuerpo almohadillado, el escudo de la Colegial. Sobre el portal adintelado un manto acoge a dos tenantes que sostienen el escudo episcopal. Azulejeria, arquería en el ático, modillones vidriados, mascarones, ménsulas florales, manchones fajados... denotan el estilo italianizante mezclado con elementos autóctonos propios del barroco andaluz.

Y ya que estamos en la calle Losal, podemos acercarnos a la Puerta de su nombre. También conocida por Puerta de Sabiote o del Rosal. Mudéjar, de doble arcada, con torreones para su defensa, y en ella que quedan restos de matacanes. Da paso a uno de los barrios más populares y que más nos recuerdan otros tiempos: el de San Millán, también el más pobre y donde se encuentran los alfares, cuya artesanía ha traspasado nuestras fronteras. Uno de ellos, Tito, en su taller tiene también una exposición que es casi un museo.

Volvamos a la Plaza 1 de Mayo para subir por la calle Montiel o Melchor Fernández Almagro, (ilustre historiador y crítico literario, natural de esta Ciudad), para llegar a un palacio de portada plateresca, conocido porPalacio de Torrente. Su portada está dividida en dos cuerpos, entre columnas helicoidales. En el bajo, arco de medio punto de gran dovelaje entre impostas entre nuevas columnas decoradas en sus fustes con grutescos; los capiteles son de estilo compuesto. En el segundo cuerpo, ventana doble separada por mainel y, sobre la clave del arco, tenante con escudo al que se le han borrado las armas. En la acera de enfrente, y al final de la calle, el Convento de las Carmelitas. Su fachada es de orden toscano, sobre el entablamento, una cornisa con dos pináculos que flanquean una hornacina que alberga una imagen de la Inmaculada que da nombre a este Convento de la Concepción. En los laterales, escudos de la Orden. Sobre la hornacina, ventana cuadrada y, cerrando la fachada, triángulo que alberga un óculo. Su interior es de una sola nave y de cruz latina, con dos cortos brazos en el crucero, siendo las bóvedas de medio cañón. Tiene una hermosa decoración, policromada en el entablamento del abovedamiento, pictórica en las bóvedas, en la Capilla Mayor y en la cúpula. Es interesante su claustro de planta cuadrada con arquería de medio punto en tres tramos, y adintelada en el cuarto. En sus dependencias está el primer retrato de San Juan de la Cruz pintado por el pintor de Santa Teresa, Fray Juan de las Miserias.

Siguiendo por la calle Ventanas llegamos a la casa de D. Luis de la Cueva, mansión solariega de una de las familias que, con los Benavides, en los siglos XIV y XV se disputaron la preeminencia en la Ciudad. Su fachada, de mediados de mil seiscientos, tiene una puerta con arco de medio punto; en los laterales, pilastras toscanas y en sus costados los escudos nobiliarios de la familia; sobre la clave del arco, en voluta, entablamento con triglifos y metopas, sobre los que discurre un gran balcón corrido. Su patio interior tiene reminiscencias mudéjares, y un cierto parecido con la Casa Mudéjar a la que llegamos por la calle Cervantes y que actualmente es Museo Arqueológico.

Es una casa reconstruida recientemente, aprovechando materiales de otras obras, en una zona donde la especulación urbanística de los años del desarrollismo hizo estragos y no respetó ni la muralla de la Ciudad. No deje de admirar su porche de arcadas. El estilo es mudéjar y puede decirse que es un ejemplo de la arquitectura popular del siglo XV, del que es muestra su patio central, al que dan cuatro dobles galerías sostenidas por cuatro grandes columnas apoyadas en esferas y cuyo fuste está trabajado en bisel. El capitel se decora con escudos nobiliarios sobre lacerías. Conserva de su primitiva fábrica las cubiertas de madera policromada de traza mudéjar. En su interior interesantes piezas arqueológicas de la comarca, de la propia Ciudad y de Ubeda la Vieja.

Vecina está la llamada casa de las Culebras por su antigua decoración de reptiles, desaparecida ahora, y en cuya portada tiene decoración vegetal.

Bajemos hacia la Plaza 1 de Mayo para tomar la calle Rojas hasta Toral que nos llevará a María de Molina y a su izquierda, por Juan de Montilla, llegaremos al Palacio de Vela de los Cobos, ejemplar típico del renacimiento español construido por Andrés de Vandelvira. Tiene tres cuerpos perfectamente diferenciados: en el inferior, portada y ventanas adinteladas, la primera enmarcada por columnas corintias. El segundo cuerpo con balcones de orden corintio; en el central, de nuevo aparecen tenantes y un hermoso balcón en esquina con parteluz de mármol blanco. El tercer cuerpo está formado por una bella galería de diez arcadas de medio punto y, dividiéndolas, una adintelada; esta galería tiene también un balcón en esquina asimismo con columna de mármol blanco.

Rodeando el Palacio por la calle Baja del Marqués, llegaremos al Palacio de los Orozco, o Casa de Anguís de Medinilla, de origen renacentista con reformas del XVIII. Su portada es adintelada y, sobre ella, balcón con frontón triangular partido. Enfrente, el más antiguo convento de la Ciudad, del que se habla ya en un documento de 1290: el Real Monasterio de Santa Clara. Tiene una mezcla de diversos estilos: renacimiento, barroco... y hasta una puerta mudéjar, la que da acceso a la Iglesia. Las exteriores son neoclásicas de medio punto, y la principal, con casetones, rematada por frontón triangular partido y, en el tímpano, hornacina con la imagen de Santa Clara; la que da paso al torno tiene también frontón partido con el escudo de la Orden y la fecha de 1779.

De su interior destacaremos la bóveda, con nervaduras, la cabecera y el arco toral que la separa de la nave principal que tiene cuatro grandes columnas que sostienen falsas bóvedas. El coro alto tiene una celosía de madera de puertas correderas y buena sillería. El coro bajo tiene reja de hierro desde el que se accede al claustro mudéjar. El claustro mayor, cuadrado, sostiene la galería superior adintelada, con arquería de medio punto. En el llamado "palacio" existe una estancia con un buen artesonado policromo.

Rodeando Santa Clara llegaremos a la iglesia de San Pedro, levantada sobre una antigua mezquita. A destacar su ábside protogótico y la portada sur, de Alonso Barba, con un primer cuerpo con columnas corintias y arco de medio punto con relieve de las Virtudes en las enjutas. En el segundo cuerpo columnas y retropilastras jónicas entre las cuales está la hornacina central con imagen exenta de San Pedro, cubierta con baldaquino circular y, a los lados, escudos del obispo Sancho Dávila. Su interior, que ha sufrido numerosas reformas, es de planta de salón con cubierta de medio cañón.

Muy cerca, siguiendo por la calle Juan Pasquau, el Palacio del Conde de Guadiana, aunque sus primitivos dueños fueron los Ortega, como atestiguan los distintos escudos heráldicos de la familia. Tiene dos partes perfectamente diferenciadas: su primer cuerpo y su torre, que es un bellísimo ejemplo de arrogancia arquitectónica, repleto de elementos decorativos. El balcón, en esquina, con columna de mármol blanco, figuras antropomórficas, pináculos, decoración vegetal, frontones partidos, ménsulas decorativas... En fin, todo el derroche de la arquitectura manierista propiciada por sus promotores que querían demostrar su importancia.

Nos quedan muchos monumentos pero poco tiempo. Pero no debemos dejar de ver lo que queda del recinto amurallado y el Hospital de Santiago. Por ello bajemos por la calle Real y Juan de Montilla a la Plaza Vázquez de Molina para, por Afán de Rivera, llegar a poder conocer los restos de las murallas que los sucesivos gobiernos "progresistas" han dejado, así como la otra puerta de la Ciudad que, junto a la de Losal que ya hemos visto, se conservan: la de Granada. Queda en pie una de las dos puertas que la conformaban; en 1855 se derribó la barbacana y se dejó la que ahora vemos.

Y, ya que estamos aquí, acerquémonos un instante a la plaza de San Lorenzo para ver la casa de las Torres, llamada así por sus dos grandes torres. Actualmente es la Escuela de Artes y Oficios. Su fachada tiene tres cuerpos. En el primero, entre columnas platerescas, la puerta de medio punto con grandes dovelas y lauros en sus enjutas. Sobre el friso, en el segundo cuerpo, un arco con decoración de grutescos que ampara el escudo de Andrés Dávalos, su primitivo dueño, sostenido por tenantes, motivo decorativo que se repite cinco veces más. En los laterales, entre columnas abalaustradas, dos ventanas ajimezadas con la típica columna de mármol blanco y coronado el dintel por dos conchas. En el tercer cuerpo frontón triangular que incluye el escudo de los Dávalos, sobre el que se alzan dos pináculos y, en sus laterales, dos ventanas entre columnas. El remate del Palacio es una crestería que recuerda el gótico recreado por el plateresco. En su interior un hermoso patio renacentista andaluz de doble arcada de columnas de mármol en cuyos capiteles se repite el escudo de los Dávalos; en la parte superior, los antepechos son calados con motivos romboidales y, en su cúpulas, los tradicionales medallones con relieves de héroes mitológicos, guerreros, deidades... y el escudo de los Dávalos. Y sobre ellos, gárgolas. Hay una leyenda sobre este Palacio:


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