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JAÉN EN 48 HORAS

6. Ruta de los Castillos


Durante muchos siglos esta tierra fue ambicionada por todo el que la conocía, e inmediatamente fortificada para quedarse en ella y que no se la arrebataran, ya fueran iberos, cartaginenses, romanos -quedan innumerables restos de "oppidum"- árabes o cristianos.

Los cristianos, cuando conseguían apoderarse de una fortaleza musulmana, reconstruían lo que habían destrozado y ya tenían su castillo. Claro que aquellos habían hecho lo mismo con los visigodos, y éstos con los romanos y así sucesivamente. Por eso no es extraño que Francisco Olivares haya inventariado más de trescientos castillos. Pero no se preocupe, que nosotros no llegaremos a reseñar ni la centésima parte. No olvidemos que sólo tenemos cuarenta y ocho horas de visita por la actual provincia de Jaén. Pero tenga presente que esta tierra está sembrada de castillos, e incluso sus pueblos llevan este nombre, ya sea en árabe, ya en castellano: Alcalá la Real, Alcaudete, Castillo de Locubin, Torredelcampo, Torredonjimeno, Torreperogil, Torres... Primero los Reyes Católicos, que ya saben ustedes que no les gustaban más castillos que los que tenían muy cerca y con gente de mucha confianza; después la incuria de los nobles, que prefirieron irse a la Corte; luego la pobreza que hacía mas fácil usar piedras ya talladas que sacarlas de la cantera, han ido dejando muchos de esos más de trescientos castillos en algún lienzo de muralla, en un patio de armas, o en una torre mocha. De todas maneras, como a usted le gustan los castillos, o sus restos, empecemos el camino.

Suponemos que viene de Madrid por la carretera N-IV. Pasado Guarromán (no haga bromas con su nombre, es árabe y sería mas poético traducirlo: Río de los Granados); pues bien, pasado Guarromán, a seis kilómetros, encontrará una desviación al "Pantano del Rumblar" y Baños de la Encina, que está también a seis kilómetros. Allí encontrará la fortaleza de Burgalimar que mandó construir Al-Hakem II en el 968, como dice la lapida fundacional -que, naturalmente, está en Madrid; la que ahora podemos ver es una copia-. La planta de la Alcazaba es elíptica, de cien metros el eje mayor por cuarenta y seis el menor, y tiene catorce torreones cuadrangulares, además de la Torre del Homenaje (la "almena gorda" que dicen los bañuecos). No hay ahora ningún baño o fuente importante; sin embargo en 1632 se hablaba (se escribía) de dos: la de Salsipuedes y la de Lesida. El hecho cierto es que los musulmanes la llamaron Bury-al-Hamma, los cristianos Burgalimar, y otros nombres parecidos hasta que recuperó el de Baños ya en la época de Alfonso VII. El apelativo de la Encina se debe a un hecho milagroso del que hablaremos en la RUTA RELIGIOSA. Se dice, -lo dice Francisco Rus Puerta en 1632- que "en la villa de Baños de este Obispado, dichosa y feliz por haber en ella recibido los primeros alientos este esclarecido Príncipe [Fernando III] en 1199". Esta Alcazaba es conocida también como la "fortaleza de los siete reyes" pues en ella estuvieron -más o menos tiempo-, Alfonso VII, que la conquistó definitivamente en 1147, Alfonso VIII, Alfonso IX, Pedro II, Sancho VII, Fernando III, y Fernando el Católico. Si vuelve usted a la N-IV, a ocho kilómetros está Bailén, desde donde puede seguir por la carretera general en dirección a Córdoba, y a unos diez kilómetros encontrará una desviación a Espeluy, donde hay un castillo árabe bien conservado por sus actuales propietarios. A cincuenta y tres kilómetros de Bailén, y tras desviarse de la carretera general, llegará a Lopera, donde en el centro de la población se conserva un castillo en buen estado.

Si usted es romántico, puede llegarse a Arjonilla, unos quince kilómetros, donde queda en pie el torreón en el que estuvo prisionero Macías el Enamorado hasta que lo mató el marido de su prenda amada.

A ocho kilómetros de Lopera está Porcuna, una de las ciudades mas antiguas de España, y, en el centro de la villa, el llamado Torreón de Boabdil, aproximadamente de 1420. Es una fortaleza gótica con ventanas mudéjares. Se le llama de Boabdil porque en 1483 estuvo allí preso el último rey granadino. En su interior puede visitar el Museo Obulco (nombre romano de la ciudad). Por aquí también pasaremos con la ruta Religiosa y Gastronómica. Ya que está en Porcuna, y como supongo que le gustan las edificaciones en piedra, no deje de visitar la locura de un hombre que fascinado por el arte de la cantería decidió en 1931 construirse una casa totalmente de piedra y así se la conoce: "La Casa de Piedra", donde todo el material de construcción y el mobiliario es de piedra. Por ejemplo, la mesa de la estancia principal tiene un tablero de siete metros de largo, por dos de ancho y dos centímetros de espesor, calculándosele un peso de siete toneladas, a su alrededor doce sillones mas uno presidencial también de piedra. Tardó treinta y dos años en terminarla.

A veinticinco kilómetros está Torredonjimeno, en el interior del pueblo, encontrará un castillo del que quedan lienzos de murallas, torreones, alguna estancia y la portada. En su término municipal quedan restos de un fuerte turdetano, en Foncubierta; y La Batara romana en Torre Venzalá.

Acerquémonos a Martos; está a solo ocho kilómetros y, aunque casi todas nuestras rutas pasan por allí,no podemos olvidar que quedan restos, en la cima de la Peña, de un castillo árabe que luego fue Templario y después de la Orden de Calatrava. Queda poca cosa: algún muro, torreones y un aljibe. (La subida no se puede hacer en coche y a pie es dificultosa). Según los cronicones la Peña está horadada por pasadizos subterráneos, la salida de alguno de ellos se puede todavía ver en la Iglesia de Santa Marta, donde es usado para almacén. En la población quedan todavía dos o tres torreones.

Hacia el sur, a treinta y un kilómetros, llegamos a Alcaudete, con un castillo de origen romano convertido en árabe por Tarik en el 715. Es, quizá la fortaleza que por mas manos ha pasado; hasta fue casa-palacio. Lamentablemente, en 1645, el conde de Alcaudete lo abandonó para vivir en la Corte, y desde entonces no se ha cuidado.

Camino de Alcalá la Real, que está a veintisiete kilómetros llenos de curvas y desniveles, pasaremos por Castillo de Locubin, de cuyo castillo que llaman Villeta, quedan pocas murallas y algún torreón. Alcalá la Real tiene una fortaleza, a la que se puede subir en automóvil, llamada La Mota que está a 1033 metros de altitud, con cerca de doscientos sobre el pueblo. Los árabes la conocían como Alcalat de Ben-Zayde, con triple muralla, de la que se conservan muros, las bases de las habitaciones y, dentro del recinto, ruinas de una iglesia abacial renacentista. Fue construida la fortaleza en el 727 por el rey de Granada Aben-Habuiz. Después de una historia tormentosa que hizo que la llamaran Henc-Alchilac, castillo de las pendencias, Alfonso XI la conquistó definitivamente en 1341. La puerta de entrada es renacentista y la interior árabe. Quedan de pie la Torre del Homenaje, la Torre de la Campana, el Patio de Armas, y la Torre Mocha. Alcalá la Real tuvo importancia decisiva en la conquista de Granada, y el paisaje que puede admirar desde sus murallas es formidable, todavía podrá ver algunas de las numerosas atalayas que la rodeaban para su mejor defensa, distantes entre si de tres a cinco kilómetros, de las que quedan en pie una docena.

Si nuestra ruta castellana nos ha llevado por el este y por el sur de la provincia, hora es ya de revisar otros recuerdos de una época en la que musulmanes, cristianos, reyes, y monjes querían ser dueños de la tierra giennense.

Para llegar a Jaén podemos tomar tres carreteras: una, la que nos trajo hasta aquí. Si usted es amigo de las aventuras automovilísticas, la 3221; el paisaje es mas agreste y sin comparación mas hermoso, ahora bien, la suspensión de su coche no se que dirá... Y queda otra, recién abierta, y que lo llevará a la carretera N-323, que une Jaén con Granada, es sin duda la mejor, aunque, también, la mas larga en kilómetros, no así en tiempo.

Jaén tiene un hermoso castillo donde, si usted es imaginativo puede dormir con aire acondicionado, y digo si usted es imaginativo porque las piedras del Parador Nacional, aunque semejan antiguas, son de 1965; de todas maneras en este solar estuvo la primitiva fortaleza. Lo que queda de la antigua es conocido por Castillo de Santa Catalina, por que quiere la tradición que el día de Santa Catalina, 25 de noviembre, fuera el de la conquista de la fortaleza por Fernando III en 1246. La leyenda es bonita, pero no hay ni un solo documento que la pruebe, lo que hace pensar que Jaén no fue conquistado por las armas cristianas, sino por el acuerdo de dos reyes. Lo que hoy se conserva es el llamado "Castillo Nuevo" que Fernando III mejoró sobre la alcazaba existente. También el Condestable Miguel Lucas de Iranzo hizo obras de consolidación, doscientos años después,y los franceses también pusieron su granito de arena en el siglo diecinueve, aunque luego destruyeron lo hecho y alguna cosa más antes de huir. Otra vez se retocó con motivo de las guerras carlistas por miedo al general giennense Miguel Gómez, que anduvo por estas tierras, y otras muchas, defendiendo Dios, Patria y Fueros frente a los "liberalotes".

El Castillo o Alcazaba no tenía más que una entrada en las murallas, a media ladera, por la que ahora puede pasar cómodamente en coche. A lo que queda en pie del castillo se puede entrar -si le dan el oportuno permiso y la llave en el Ayuntamiento- por una puerta ojival que tras un zaguán, da paso al Patio de Armas. A la derecha está la Torre del Homenaje que tiene una altura de cuarenta y siete metros y ventanas ajimezadas. Unida a esta Torre se encuentra otra, la Torre de las Damas, ambas con vestigios del estilo gótico castrense.

Siguiendo la Barbacana almenada llegaremos a la Torre Albarrana, en cuyo interior se alberga la Capilla de Santa Catalina, donde Fernando el Santo hizo decir la primera misa tras tomar posesión de la fortaleza, capilla que fue durante muchos años parroquia y que tuvo unos frescos sobre la vida del obispo giennense San Pedro Pascual, que prefirió seguir prisionero en Granada confortando a los otros cautivos cristianos a ser rescatado. Al final el rey granadino se cansó de aguantar sus predicaciones y le mandó cortar la cabeza, en 1302.

A poca distancia de esta torre hay otra Torre Albarrana, desde donde continúa la Barbacana para unirse a otra torre, la de la Atalaya, de forma pentagonal que es la última del Castillo. De allí vuelve la muralla a la Torre del Homenaje con lo que queda cerrado el recinto. Según Madoz "tuvo pabellones para la oficialidad y habitación para dos mil hombres de defensa".

Inseparables del Castillo son las murallas que protegían el núcleo habitado. Bueno... lo que queda de ellas. Que si no servían para nada, que si eran un nido de suciedad, que si impiden el ensanche de la ciudad, que mira que casa más bonita se puede hacer con estas piedras... Total, que no quedan prácticamente murallas. Solo el Torreón de la Llana, que no es terreno inmobiliario -por ahora-, a la mitad del cerro; dos torreones y algunos lienzos entre la carretera a Córdoba y la calle Puerta de Martos (derruída ésta en 1865); un torreón en la calle Millán de Priego esquina a Molino de la Condesa; el Torreón del Conde de Torralba, restaurado, en la calle Juan Montilla; y desde allí por la calle Arco de la Puerta de Granada, -puerta que tampoco existe-, subían las murallas del primer recinto. Un segundo recinto amurallado más moderno protegía el ensanche de la ciudad hacia el arrabal de San Ildefonso. Lo único que queda de este segundo recinto es algún muro de la Iglesia de San Ildefonso y la Puerta del Angel que fue construida en 1646.

Dejemos Jaén y su Castillo inexpugnable, gracias al cual se le concedió a la ciudad y sus gentes el honroso titulo de Muy Noble y Muy Leal, Guarda y Defendimiento de los Reinos de Castilla.

Sigamos nuestro camino saliendo de Jaén por la carretera de Granada, que abandonaremos a los cinco kilómetros, para tomar la 322 en dirección a Ubeda. (Verá otro "castillo": es de los años del desarrollismo. Un propietario caprichoso no quiso ser menos que los Benavides, Templarios o D. Francisco de los Cobos, o quizá pensó que no podía ser menos que Mr. Hearts y que al fin y al cabo él también tenía dinero y podía construir una fortaleza, con lo cual el "kitsch" también llegó a Jaén; sea piadoso y rece una oración por su alma).

Desviémonos hacia Mancha Real y, diecinueve kilómetros después, llegaremos a Jimena donde, en el centro del pueblo, se conserva el torreón de un castillo árabe del que, tras la conquista, fue alcaide D. Beltrán de la Cueva y luego los herederos de D. Francisco de los Cobos.

A siete kilómetros de Jimena, Bedmar con dos castillos árabes. De uno queda un torreón cilíndrico de esquina, otro con ventanales y algo de murallas, además de unas inaccesibles habitaciones en grutas de las que se observan respiraderos. Tanto el castillo como el pueblo fueron encomienda de la familia de la Cueva. De aquí era aquella moza que tanto impresionó al Marqués de Santillana.

A cuatro kilómetros la Ermita de Ntra. Sra. de Cuadros sobre un torreón árabe.

A diez kilómetros Jódar, el Xaudar o Sawdar musulmán, donde se encuentra un castillo que, según algunos autores, es el mas antiguo del Reino de Jaén, pues algunos investigadores lo consideran prerromano. Ha sido restaurado y en él se celebran actos culturales.

A treinta y dos kilómetros y por una carretera regular, Peal de Becerro, donde sólo quedan dos torreones de un castillo, pero hemos venido por aquí para que, desviándose siete kilómetros, se pueda acercar a Toya, que tiene un castillo romano con torres medievales; pero lo más importante es que está usted en una autentica ciudad ibérica. Lo malo es que sus mejores restos están en Madrid, Barcelona, Granada, Jaén... Es posible que, cuando usted llegue, se haya instalado en la Torre Mocha el Museo de Arte Ibérico. De todas formas acérquese al Cerro de la Horca y podrá contemplar la famosa cámara sepulcral ibérica. Es de planta casi cuadrada, con nave central y cuatro laterales y nichos. Observe los arcos apuntados y las influencias etruscas, fenicias, griegas ...

De Peal de Becerro a Cazorla hay solo siete kilómetros. Cazorla

En Cazorla hay dos castillos: uno, del que queda una torre pentagonal, conocido como el de las cinco esquinas o del Moro; y el otro llamado de las cuatro esquinas o de la Yedra. Este es en la actualidad Museo de Artes y Costumbres Populares del Alto Guadalquivir. Es del Siglo XV construido por el Arzobispo Carrillo, salvo la Torre del Homenaje que la mandó levantar el obispo Tenorio, y sus armas están sobre la puerta de entrada. Muy cerca de Cazorla, apenas a dos kilómetros, en la Iruela, los restos de un castillo árabe y de un monasterio templario, como lo fue también el castillo. El acceso se puede hacer en automóvil y merece la pena ver sus impresionantes muros construidos de forma inverosímil.

Ya que está en Cazorla puede dirigirse al Pantano del Tranco; si las aguas no están muy altas puede que vea los restos del Castillo de Bujaraiza, en la isla del mismo nombre. Puede descansar en Cazorla, terminar la ruta o seguir. Quedan... bueno como quedar, quedan cientos de castillos, o más bien sus restos. Recuerde que está en el Adelantamiento de Cazorla, sobre el que tuvo jurisdicción, al menos religiosa, el Arzobispado de Toledo hasta 1953. Y que un arzobispo guerrero dejó por aquí sus huellas: Villacarrillo, Villanueva del Arzobispo... Pero también las Ordenes Militares ocuparon esta tierra. Ya hemos citado a los Templarios, pero además hay pueblos cercanos (en el mapa), que se llaman Santiago de la Espada, Castillar de Santisteban, Navas de San Juan... Si le queda tiempo acérquese a Segura de la Sierra: a 1.200 metros de altitud encontrará un castillo, restaurado, al que llegaron los fenicios y le cambiaron su nombre de Segeda por el de Tavara; los griegos lo bautizaron como Orospeda, los romanos Castrum Altum, los árabes Saqura, (según otros Segedah) y los franceses lo destruyeron. Consuélese pensando que han existido personas que, como usted, aman los castillos y cuya cultura y posibilidades les han permitido restaurarlo. En su patio de armas se celebran todavía corridas de toros. Queda el cuerpo principal, torreones cilíndricos y cúbicos, una iglesia dedicada a Santiago, tres hileras de murallas, y una vista incomparable subiendo al tercer piso de la Torre del Homenaje.

También en Segura de la Sierra puede ver dos arcos: el de Cavalcavia, el de la Puerta Ojival en la interesantísima calle de los Caballeros Santiaguistas, y la Puerta Catena.

No muy lejos del pueblo quedan los restos de la Torre del Agua, que protegía un aljibe.

Le quedan por ver, y tienen interés, en estas cercanías los castillos de Hornos de Segura, -donde se desarrollan algunos de los hechos que cuenta Jorge Manrique en las Coplas a la muerte de su padre-, Chiclana de Segura, Iznatoraf, y tantos otros que hacen de la Sierra de Segura una de las de mayor densidad de fortalezas de España. No en balde los pueblos que aquí se aposentaron fortificaron estas tierras, enclave estratégico entre Andalucía, Levante y Castilla.

Y hemos dejado para el final, porque la época de su arquitectura así lo pide, -y además está de camino si vuelve hacia la N-IV-, el Castillo de Canena.

Está a unos quince kilómetros de Ubeda, y es el que cita el Marqués de Santillana en su quinta serranilla: "Entre Torres y Canena...". Por allí encontró el bueno del Marqués a aquella moza de Bedmar que tanto le gustó y que guardaba un ganado de Recena, (de cuyo castillo sólo queda una parte de lienzo), y de la que estaba dispuesto a "ser preso en su cadena". El nombre de Canena es la castellanizacion de la tribu siria que aquí se aposentó: Banu Kinana. El Castillo tras ser árabe, lo conquistó la Orden de Calatrava, y el Emperador Carlos autorizó que lo comprara su Secretario D. Francisco de los Cobos, que lo hizo su residencia-fortaleza, junto con el de Sabiote (del que queda sólo su imponente aspecto exterior), para proteger su tierra de Ubeda. Su constructor fue Vandelvira, el arquitecto preferido de Cobos, que aprovecha situación y restos del primitivo castillo árabe y calatravo para hacer una fortaleza-palacio de estilo renacimiento italianizante en 1540. Es cuadrado, con torreones en sus ángulos y foso que ha de atravesarse, mediante puente que fuera levadizo, para acceder a la puerta principal, que al igual que el patio y la escalera principal, son renacentistas.

El patio, porticado, con veinticuatro columnas jónicas con los capiteles de través, que sostienen el segundo cuerpo adintelado con ricas zapatas en las columnas. Entre los arcos de medio punto del primer cuerpo, medallones al estilo renacimiento en los que aparecen altorrelieves con cabezas de héroes mitológicos.

Su actual propietario es un hombre preocupado por conservar y mejorar lo adquirido; está embelleciendo el entorno y sacando a la luz diversas partes de este formidable Castillo, con lo que, de en año en año, se puede ver algo nuevo. No dude en pedir permiso para visitarlo; casi seguro que lo logrará, y se alegrará de haberlo visto. Sin duda, es el castillo mejor conservado del antiguo Reino de Jaén.

Y, ya que está en Canena, desvíese cuatro kilómetros y acérquese a Ibros. Si Canena es la ultima fortaleza que se hace en Jaén, Ibros tiene unas murallas ciclópeas que podríamos considerar como las primeras fortificaciones ibéricas, -quizá tartésicas-, en buen estado de conservación y perfectamente indicada su ubicación.


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